La Universidad Vanderbilt a través de su centro de estudios Latin American Public Opinion Project tiene trabajos disponibles de acceso libre sobre la opinión pública en Venezuela. Aquí uno encuentra el texto de Mitchell A. Seligson titulado The rise of populism and the left in Latin America.
Analiza las relaciones entre ideas, política, gobierno y política pública en Venezuela.
martes, 1 de marzo de 2011
María Corina Machado: los 649 días de Chávez en el poder.
Me encuentro en el blog de Alejandro Tarre la intervención de la diputada María Corina Machado en la Asamblea Nacional de Venezuela.
D’Elia, Yolanda y Thais Maingon: un diagnóstico en materia social sobre el gobierno revolucionario de Hugo Chávez.
D’Elia, Yolanda y Thais Maingon: un diagnóstico en materia social sobre el gobierno revolucionario de Hugo Chávez.
Reseña
D’Elia, Yolanda y Thais Maingon (2009): “La Política Social en el Modelo Estado/Gobierno Venezolano”, documento de trabajo del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS) y Convite A.C., Febrero, Caracas, Venezuela.
De acuerdo con las autoras Yolanda D’Elia y Thais Maingon, las consecuencias más significativas en materia social del modelo Estado/Gobierno emprendido por el ejecutivo nacional Hugo Chávez Frías “son una inclusión limitada, la desaparición de las políticas públicas para atender los problemas sociales estructurales y una creciente descomposición de la convivencia social” (D’Elia y Maingon, 2009:1).
La lectura en materia social en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (30 de diciembre de 1999), según Yolanda D’Elia y Thais Maingon se expresa en los siguientes términos: “…El artículo 2 del texto constitucional establece que ‘Venezuela se constituye en un Estado[1] democrático y social, de derecho y de justicia…’. En este artículo, lo social se convierte en uno de los pilares del ordenamiento jurídico y significa entre otras cosas:
- Una integración socialmente incluyente, que reconoce a todas las personas en sus identidades como miembros de la sociedad venezolana.
- La protección de las libertades y derechos relacionados con la dignidad humana, en condiciones de igualdad jurídica y política.
- La intervención en factores sociales, económicos, culturales y políticos que producen formas injustas de pobreza, exclusión y desigualdad social.
Como derivación de este artículo, aproximadamente 20% de los artículos de la nueva Constitución están relacionados directa o indirectamente con derechos y garantías sociales…” (D’Elia y Maingon, 2009:2).
Existieron distintas estrategias políticas y pugnas ideológicas en el interior del gobierno “acerca de las causas de los problemas del país y las vías para solucionarlos. Una de estas visiones fue la de una Revolución Cívico Militar, que promovían los partidarios civiles y militares del MBR 200. La otra fue la de Reformas Democráticas Progresistas que apoyaban los sectores críticos al sistema político tradicional, pero creyentes de la institucionalidad democrática” (D’Elia y Maingon, 2009:3).
D’Elia y Maingon señalan que bajo la Visión Democrática Progresista el gobierno instituyó entre los años de 1999 y 2001 los siguientes planes:
- “La reestructuración de ministerios del sector social, en particular se creó el Ministerio de Salud y Desarrollo Social (MSDS).
- La gratuidad de los servicios de salud y educación, y el diseño de modelos de atención integrales, humanos y participativos.
- La formulación de nuevas leyes sociales, específicamente la Ley del Sistema de Seguridad Social y las Leyes de Salud, Vivienda y Protección de los Trabajadores” (D’Elia y Maingon, 2009:3).
Y sobre esta Visión Democrática Progresista concluyen las autoras “El intento de golpe de estado en abril de 2002, finalmente derrotó esta visión dentro de las estrategias desarrolladas por el gobierno y abrió las puertas para continuar con la visión revolucionaria” (D’Elia y Maingon, 2009:4-5).
La visión cívico-militar tiene como propósito “liberar a la sociedad venezolana de la influencia de los sectores económicos capitalistas, a través de la colectivización de los medios económicos, políticos y culturales. En su lugar, es necesario instalar una nueva forma de democracia de mando popular y moral socialistas, que se conforma a través de un polo de poder político, militar, económico y social orientado por los valores y la disciplina revolucionaria. Este poder que actúa fuera del orden institucional establecido va desplazando de los espacios estratégicos a los poderes de la democracia tradicional” (D’Elia y Maingon, 2009:5).
Este proceso revolucionario dio inicio en materia social con el “lanzamiento de la Alianza Cívico Militar y el Plan Bolívar 2000. Mediante estas dos estrategias, el gobierno trazaba las principales líneas de acción de lo que sería el plan para atender necesidades urgentes y de manera inmediata a los venezolanos/as con el apoyo de las fuerzas militares. Dentro de esta alianza se llevaron a cabo hasta el año 2002, entre otros: Plan de las Rutas Sociales, Plan Pescar 2000, Plan Casiquiare 2000 (población indígena), Plan de Asistencia Alimentaria Popular, Plan de Educación Nacional de Redes Educativas, Programa Todas las Manos a la Siembra, Plan Avispa y Plan Hormiga para la auto-construcción de viviendas.
Ante la amenaza de un posible referendo revocatorio del mandato presidencial y para defender la revolución, en el año 2003 se crean las Misiones Sociales. Esta estrategia fue denominada por el Presidente como ‘Revolución desde abajo’, entendiendo que había llegado el momento de derrotar a los sectores de oposición a través de una operación dirigida a masificar y hacer penetrar programas educativos, alimentarios y de salud en el tejido de los sectores populares, utilizando el Convenio Cuba-Venezuela firmado en el año 2000. De esta estrategia surgieron cerca de 14 misiones, apoyadas por contingentes militares, personal cubano y voluntarios comunitarios que lograron llegar a un porcentaje significativo de las zonas populares hasta finales del año 2004.” (D’Elia y Maingon, 2009:5).
Será en el 2005 cuando el gobierno de Hugo Chávez Frías articule la prolongación del proceso revolucionario en la visión ideológica del “Socialismo del siglo XXI”. En este proceso de revolución socialista surgen en el 2006 la acuñación del concepto de Poder Popular y se establecen los Consejos Comunales (D’Elia y Maingon, 2009) La lectura política de las autoras sobre la función que ejerce el Ejecutivo en este proceso revolucionario es que “Las decisiones públicas son entendidas como campo exclusivo del Presidente y son implementadas en forma personalista y, por lo tanto excluyente, buscando fortalecer liderazgos políticos. En estas condiciones la participación solo puede entenderse como apoyo político incondicional” (D’Elia y Maingon, 2009:7).
El discurso de la “participación” del Presidente Hugo Chávez Frías: “…se convierte en una estrategia de control social lo que significa el ejercicio directo del poder sobre las iniciativas sociales. Edificar un poder moral revolucionario para construir un modo de vida socialista, fuera del marco constitucional y las leyes, así como al margen de los controles jurisdiccionales, puede llevar a prácticas discriminatorias, opresivas y excluyentes. De estas prácticas puede ocurrir que las personas y los movimientos sociales críticos u opuestos a los propósitos de gobierno sean criminalizados y reprimidos, inclusive los que hacen vida dentro del propio proceso revolucionario” (D’Elia y Maingon, 2009:11).
En suma, el diagnóstico en materia social sobre la gestión del actual gobierno venezolano de acuerdo con las autoras D’Elia y Maingon, se resume en que el proceso revolucionario en sus “políticas sociales” ha generado una inclusión social limitada de los sectores menos favorecidos por los derechos sociales, el desmantelamiento de las políticas públicas producto del colapso del sistema de protección y la descomposición de la convivencia social creada por los altos índices de violencia que padece el país y que el gobierno no atiende con políticas públicas de seguridad.
[1] El término “Estado” en este artículo, se refiere a la condición con la que se constituye la sociedad venezolana y que rige el ordenamiento jurídico. No se refiere a las características del régimen del poder público.
“El movimiento bolivariano: autoritarismo o participación” de Karina Ansolabehere.
Ansolabehere, Karina (2009): “El movimiento bolivariano: autoritarismo o participación” en Julio Aibar y Daniel Vázquez (coordinadores) ¿Autoritarismo o democracia? Hugo Chávez y Evo Morales, México: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, pp. 129-142.
En su ensayo Imaginar es ver el poeta francés Jean-Clarence Lambert pone en juego en cada línea su sensibilidad sobre la modernidad: “…la modernité, pour moi, c'est quand toutes les formes sont mises en jeu et peuvent être mises en œuvres”, festivamente podemos trasladar con sentido rítmico al español la visión de Lambert: “…la modernidad, para mí, es cuando todas las formas se ponen en juego y se pueden poner en obras”.
Cuando concluí la lectura del ensayo –la autora le llama “comentario”,[1] ¿no un comentario significa un atisbo y no una visión de conjunto?- El movimiento bolivariano: autoritarismo o participación de Karina Ansolabehere, vino a mi mente la enseñanza de Lambert: Imaginar es ver. En el reino de lo imaginal, como le gusta llamar a Lambert al reino del ver es imaginar, el ojo escucha y el oído ve. En el arte figurativo de Kandinsky se escucha a Tchaikovski y en el la música de Bach se ve la arquitectura de Notre Dame.
El ensayo de Karina es una pieza interpretativa sobre los trabajos de Margarita López Maya y Nelly Arenas. Karina recrea las visiones de ambas autoras a partir de la “teoría del arte”. La pregunta que da origen al ensayo es ya en sí misma la respuesta y conclusión del mismo entre signos de interrogación: “¿por qué estos dos cuadros, que supuestamente están pintando la misma situación, pueden ser tan diferentes?”. El ensayo de Karina, hay que decirlo de una vez, es sumamente provocativo y sugestivo en la medida en que parte de una idea del arte y de ahí se desprende su lectura de ambas autoras. Además su ensayo es una forma poco común en el mainstream de la ciencia política de examinar la realidad política y eso hay que celebrarlo. Ansolabehere suscribiría la divisa de Jean Paul Sartre: la imagen es “copia débil de lo real”. El asunto de la idea del arte no es menor en este ensayo, pues Karina, al igual que Sartre, hace una división tajante entre imagen y “realidad”. Por eso ella habla de “objeto” en el arte: “Sin embargo, en estos dos cuadros diametralmente diferentes sobre el mismo ‘objeto’ encontramos un elemento común: el resultado, un cierre creciente del gobierno sobre sí mismo, expresado en la propuesta del ‘socialismo del siglo XXI’…” Esta teoría del arte objetivista de Karina hace que su interpretación sobre Margarita López Maya sea “una multiplicidad de imágenes y texturas, por su densidad y dinamismo” y la interpretación sobre Nelly Arenas sea “un paisaje desolador, en el centro está Hugo Chávez, devorando todo lo que encuentra a su paso”.
Esta interpretación del arte de Karina tiene implicaciones interesantes sobre su lectura de ambas autoras, en primer lugar su objetivismo hace presentar ambos trabajos como productos de la academia y exentos de intención política, y segundo pasa por alto lo más atractivo de leer a las dos autoras: ambas escriben con pasión política. Los vasos comunicantes entre Maya y Arenas es la pasión política. Siguiendo el criterio de Lambert ambas ven a Venezuela desde su imaginación política. Insisto: su imaginación política es una forma de ver a Venezuela. No hay un “objeto” de estudio, lo que existe es un reino imaginal de lo político. La lectura objetivista de Karina presenta a las dos autoras en dos modelos, Margarita Maya traza las pinceladas de la democracia participativa y Arenas compone una democracia representativa liberal. Una lectura imaginal pondría el acento en la polifonía de lo político en ambas autoras: Margarita imagina lo político desde la izquierda y Arenas imagina lo político desde la derecha. No hay “multiplicidad de imágenes”, ni “paisaje desolador” lo que hay son imágenes del registro de lo político que traducen las voces ancestrales de la izquierda y la derecha. Así el “paisaje desolador” es una escritura de intención y pasión política contra Chávez; y la “multiplicidad de imágenes” es una racional convicción del poder democrático de los movimientos sociales.
Por tal motivo la teoría del arte objetivista de Karina tenía que concluir con el “realismo político”, el realismo que es la salvación de quienes temen a la incertidumbre pregonada y vivida por el romántico, tal como lo vio Gustave Flaubert en Madame Bovary, símbolo de la incertidumbre. El asunto aquí es que Karina es consistente y coherente con su teoría del arte objetivista: “Lo que sí parece claro es que, en sintonía con uno de los principales postulados del realismo político[2], quien está en el poder intentará mantener o incrementar su poder, antes que disminuirlo; la posibilidad de construir una democracia más participativa, o consolidar democracias representativas responsables por sus resultados para las mayorías, requiere de contrapesos y de una mayor y mejor vinculación entre la política institucionalizada y la no institucionalizada. De lo contrario, uno de los riesgos posibles sería el surgimiento de proyectos políticos que asimilan la sociedad con el Estado, estatalizan a la sociedad clausurando el debate, las diferencias, y creando un solo [sic] centro rector desde arriba hacia abajo, cuyos problemas los podemos evaluar revisando la historia del siglo XX”. El despertar del sueño romántico de Madame Bovary es al beber la pócima del realismo, la incertidumbre de lo político es clausurada por la pócima del realismo político.
[1] En la introducción la autora minimiza su ensayo “No ha sido fácil la tarea de escribir este comentario”. Lo que afirmo es que más que un comentario es un ensayar una lectura sobre la visión de Venezuela en Margarita López Maya y Nelly Arenas.
[2] Cursivas mías
Carlos Marx, el pluralista
En su notable ensayo El Erizo y la Zorra (2000) Isaiah Berlin formula una tipología para clasificar a los grandes pensadores y escritores de la cultura de occidente. El criterio que establece Berlin es de acuerdo con la naturaleza de sus inquietudes intelectuales: hay una clase de hombres que sólo responden a una sola pregunta y la respuesta de la misma es particular y profunda, esta clase de hombres son monistas por formular únicamente una gran respuesta que es el leitmotiv de su obra; por otra parte, hay hombres que responden a múltiples respuestas, teniendo una visión general en cada una de ellas, esta clase de hombres podemos clasificarlos como pluralistas A los primeros Berlin les llama ‘erizos’ y a los segundos ‘zorras’. Grandes ‘erizos’ fueron Dante, Platón, Hegel, Dostoievsky, Nietzsche, Proust, y destacables ‘zorras’ fueron Shakespeare, Aristóteles, Montaigne, Moliere, Goethe, Balzac, Joyce.
Carlos Marx entra en la clase de los pluralistas (zorras). La pluralidad de Marx recorre de la polémica en la prensa al estudioso social de miradas múltiples. Octavio Paz, tenía simpatía por el Marx ensayista. El propio Paz hace la nota introductoria al ensayo de Marx titulado El enigma ruso: el esclavo-soberano, este ensayo fue publicado en la Revista Vuelta (1991) en una bella traducción de Aurelia Álvarez Urbajtel.
Amartya Sen en un artículo en el diario The Guardian distingue dos grandes tradiciones que han reflexionado sobre el tema de la justicia: 1). La tradición del contrato social compuesta por los insignes nombres de Thomas Hobbes, John Locke, Rousseau, Kant y Rawls; y 2). La tradición de las miradas múltiples para ver el mundo social compuesta por la parentela de Adam Smith, Condorcet, Mary Wollstonecraft, Karl Marx y John Stuart Mill. Los primeros, siguiendo el argumento de Sen construyeron instituciones ideales; los segundos prestaron atención a la injusticia en las sociedades modernas como son la exclusión de las mujeres, la explotación de los trabajadores, entre otras lacerantes desigualdades sociales.
Espectador de la política en donde el poder cambia de manos [Polonia], en alusión a la novela del poeta Czeslaw Milosz, Adam Przeworski ha señalado como una de las grandes piezas de análisis político a The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte, una de las obras célebres de Marx, el pluralista.
Kirk Andrew Hawkins: populismo y teoría de la elección racional
Kirk Andrew Hawkins es profesor en el Departamento de Ciencia Política de la Brigham Young University . El profesor Hawkins ha estudiado de cerca el populismo y el sistema de partidos de la última década de la vida política de Venezuela. Me llaman la atención sus reflexiones iniciales de la introducción a su más reciente libro Venezuela’s Chavismo and Populism in Comparative Perspective, dice Hawkins:
[…]Mi formación académica es en el ‘nuevo institucionalismo,’ lo que significa que estudio las causas y las consecuencias de las reglas formales y la organización política, particularmente los partidos políticos, usando la teoría de la elección racional. Por lo tanto, cuandoen mis primeras entrevistas a los líderes chavistas tomaron lugar en diciembre de 1999, me focalicé sobre los liderazgos de lo que entonces era el movimiento del partido oficial, Movimiento V República o MVR. Mis intentos por analizar el Chavismo eran esencialmente descripciones de la Organización MVR y su ideología. Sin embargo, entrado el 2003, un colega me invitó para presentar un documento de trabajo para discutir el Chavismo como ejemplo de populismo. Este fue un concepto no familiar para mí, y fue así como exploré esta literatura académica, me introduje a un conjunto de ideas que me dio extraordinaria comprensión de lo que estaba sucediendo en Venezuela.
Así Hawkins señala que el estudio del populismo le permitió pensar bajo una nueva luz de ideas el fenómeno del Chavismo desde el enfoque de la teoría de la elección racional, producto de este encuentro entre las ideas del populismo y el enfoque de la teoría de la elección racional es su libro sobre el Chavismo en perspectiva comparada.
En su excelente paper Dependent Civil Society: The Círculos Bolivarianos en Venezuela (2006) publicado junto a su colega David R. Hansen en The Latin America Research Review, dicen los autores: “A pesar de esta amplia divergencia de puntos de vista [sobre el Chavismo], muy poco trabajo empírico se ha realizado para determinar la verdad acerca de los Círculos Bolivarianos y la naturaleza de su contribución a la sociedad civil venezolana. Para responder a estas preguntas, y para tomar ventaja de una oportunidad única para estudiar un movimiento populista tal como ocurrió, realizamos una encuesta de 110 miembros de los Círculos Bolivarianos durante junio y julio de 2004, poco antes del intento del mandato revocatorio del Presidente en Agosto. La encuesta se basó en una muestra no aleatoria de exploración, y utilizó un cuestionario estandarizado que se aplicó en cuatro diferentes estados: Aragua, Carabobo, Distrito Capital (Libertador, municipalidad en Caracas), y Miranda”
Finalmente recomiendo el otro reciente libro de Hawkins que lo publica junto a sus colegas Herbert Kitschelt, Guillermo Rosas y Elizabeth J. Zechmeister, titulado Latin America Party Systems, bajo el sello editorial de la Cambridge University Press.
El Monte Ávila, Walter Benjamín y Alejandro Rossi
Mi primer encuentro con Venezuela fue en una librería de viejo en la ciudad de Xalapa: cayó en mis manos una bella edición de Monte Ávila sobre los escritos estéticos de Walter Benjamín. Sentí extrañeza y fascinación por el nombre de Monte Ávila, más aún que estuviera ligado con el nombre de Walter Benjamín ¿Qué hacía yo con un libro de un autor europeo editado en Caracas, Venezuela? De inmediato relacioné Monte Ávila con el título del ensayo memorable de Benjamín: París, capital del siglo XIX.
Ahora me encuentro leyendo frente al Monte Ávila un libro bellísimo del poeta y ensayista mexicano Ramón Xirau: De ideas y no ideas, editado por Joaquín Mortiz con una breve advertencia del propio Xirau. No está de más decir que este libro de Xirau lo adquirí divagando en una librería de viejo en la Ciudad de México. Su edición es de 1974, editado hace aproximadamente treinta y seis años. Al llegar a la página treinta y ocho me encuentro con el ensayo titulado Lenguaje privado: de Wittgenstein a Descartes. Feliz encuentro: me entero que este ensayo lo escribió Xirau inspirado en una amplia nota al bello libro del venezolano-mexicano Alejandro Rossi, Lenguaje y Significado, Siglo XXI, México, 1969.
Sí, mi otro encuentro con Venezuela fue a través de Rossi. El propietario en donde me hospedo ahora que estoy en Caracas, el Sr. Giovanni, es de ascendencia italiana. Un hombre de festiva conversación, que con ojos atónitos y manos inquietas me habla de la política “esquizofrénica” de Hugo Chávez. En Caracas uno encuentra ascendencia europea, principalmente portuguesa e italiana. La conversación con Giovanni siempre está accidentada por una pertinente digresión: me habla sobre su origen italiano y de inmediato me narra la historia política de la Italia de Mussolini, historia contada a la vez por su abuelo. Ahora entiendo porque Rossi iniciaba sus discursos autobiográficos con su origen italiano. Mi primer encuentro con Venezuela ha sido con el Monte Ávila, Walter Benjamín y Alejandro Rossi en ese orden azaroso.
Caracas, Venezuela; a 29 de julio de 2010
jueves, 24 de febrero de 2011
El tiempo y las instituciones en los enfoques del Nuevo Institucionalismo
No se trata solamente de saber cuál es la mejor constitución;
es necesario ver cuál es la más practicable, de aplicación fácil
y que más se acomode a los Estados.
Aristóteles, Libro Sexto de La Política.
Noé Hernández Cortez*
Resumen
En el presente documento de trabajo analizo la forma en que las distintas vertientes del nuevo institucionalismo explican el origen, la permanencia y el cambio de las instituciones destacando sus contribuciones, limitaciones y posibles complementaciones. En primera instancia la denominación ‘nuevo institucionalismo’ hace referencia a un corpus teórico compuesto de distintos enfoques para el estudio de las instituciones (Peters, 1998). Así, mi argumentación se concentrará en estudiar los supuestos básicos de los distintos enfoques del nuevo institucionalismo sobre las relaciones entre el tiempo y las instituciones. Para fines de nuestra exposición delimitaremos en tres los enfoques sobre el nuevo institucionalismo, por ser los más representativos en la ciencia política, a saber: el institucionalismo histórico, el institucionalismo en la teoría de la elección racional y el institucionalismo sociológico (Hall, 1996; Peters, 2005). Cerramos nuestra exposición con un conjunto de consideraciones finales en donde argumentaremos que estos enfoques se complementan en las estrategias metodológicas para la investigación empírica, que dan cuenta de la compleja realidad política, en concreto de la realidad política latinoamericana.
Abstract
In this paper I analyze how the various aspects of new institutionalism explanation of origin, permanence and change of institutions emphasizing their contributions, limitations and potential complementarities. At first the term refers to a body composed of different theoretical approaches to the study of institutions (Peters, 1998). Thus, my argument will focus on studying the basic assumptions of new institutionalism approaches on the relationship between time and institutions. For purposes of our discussion to fall into three approaches to new institutionalism, being the most representative in political science, namely historical institutionalism, the institutionalism in rational choice and sociological institutionalism (Hall, 1996; Peters, 2005). We close our discussion with a final set of considerations which argue that these approaches are complementary in the methodological strategies for empirical research, which account for the complex political reality, particularly in Latin America political reality.
El viejo y nuevo institucionalismo
Es conocida la fascinación por el estudio de las instituciones en el pensamiento político de Occidente. En el mundo antiguo Aristóteles articuló su clasificación de las formas de gobierno a partir de las constituciones que coleccionó.[1]Digamos que atendió el problema de lo que ahora conocemos como diseño constitucional. Además, Aristóteles observó que no sólo era la estructura constitucional lo que determina la forma de gobierno, sino también las virtudes de los hombres.[2] Así, el señorío político de hombres libres e iguales, representa la forma de gobierno ideal que cubre los requisitos del prudente término medio de su clasificación de gobiernos. Hay que advertir que Aristóteles esboza la relevancia de la estructura (diseño constitucional) y la agencia (las virtudes).
En nuestro debate actual sobre las instituciones, cobra interés saber las ideas que sobre las instituciones se generan en torno a lo que se denomina como ‘nuevo institucionalismo.’ Guy Peters introduce el debate sobre las distintas vertientes del ‘nuevo institucionalismo,’ como un problema en la tradición de las ciencias sociales con respecto a las articulaciones entre estructura y agencia. El debate de Peters sugiere una lectura atenta sobre la importancia del cambio en las instituciones, es decir, el papel que juega el tiempo en la permanencia o cambio institucional. En otros términos, la consideración del tiempo nos lleva a preguntarnos sobre las distintas soluciones que formulan los tres enfoques aquí estudiados, con respecto al tema del origen, permanencia y cambio en las instituciones, ya sea que se encuentre el énfasis en la agencia o bien en la estructura, pero cabría también una tercera posibilidad la relación equivalente entre agencia y estructura.
Nuestra primera advertencia para abordar estas cuestiones es de carácter semántico, pues el término nuevo institucionalismo implícitamente nos lleva a considerar la noción de un viejo institucionalismo. La distinción entre el viejo y el nuevo institucionalismo lo podemos conceptualizar en los siguientes rasgos distintivos que definen a cada uno: el viejo institucionalismo se concentró en el estudio de la arquitectura jurídica de las instituciones, siendo proclive al estudio de las constituciones, asimismo su vertiente de interpretación tendía hacia el holismo, poniendo énfasis en el estudio de las estructuras. Por otra parte, el nuevo institucionalismo pone el acento en el estudio de las reglas formales e informales, la relación dinámica entre agencia y estructura, metodológicamente tiende al constructivismo y coloca en su centro de investigación la noción de cambio institucional. Para Philip Selznick (1996) la diferencia radical entre el viejo y el nuevo institucionalismo reside en la concepción de lo institucional, mientras que el viejo institucionalismo de corte sociológico se concentraba en los problemas concretos de la estructura legal de las organizaciones que configuran a una institución -por ejemplo la organización industrial de la sociedad-, el nuevo institucionalismo ha producido una abstracción del mundo político, formalizando el estudio de las instituciones.[3] Siguiendo esta línea argumentativa, Arthur L. Stinchcombe (1997) señala que las virtudes del viejo institucionalismo consistían en su conocimiento práctico de las instituciones concebidas como organizaciones, es decir, tenía un conocimiento sustancial de las instituciones. En cambio, argumenta Stinchcombe, el nuevo institucionalismo analiza solo la variabilidad de una muestra de instituciones, no concentrándose en el estudio práctico de la singularidad de las mismas.
El institucionalismo histórico
El historiador francés Fernand Braudel,[4] máximo representante de la Escuela Histórica de los Annales, concibió la idea de que las estructuras del capitalismo se constituyeron a través de una larga duración (longue durée), por ejemplo la estructura de mercado ha prevalecido a través del tiempo hasta nuestros días. No obstante, en esta trayectoria de larga duración aparecen eventos de carácter político o económico que Braudel llama “episodios”. La larga duración es la permanencia y los “episodios” son los eventos que ocurren en el proceso de la larga duración. Esta idea de Braudel a mi parecer está implícita en el institucionalismo histórico. Lo que en el lenguaje del institucionalismo histórico se conceptualiza como “trayectorias” es lo equivalente a la noción de “larga duración”; y la concepción de las “coyunturas críticas”[5] es lo semejante a lo “episódico”. El propósito de esta analogía entre la noción de historia de Braudel y el institucionalismo histórico, es justamente destacar la preeminencia que se le presta al tiempo de los historiadores (Sewell, 2006) en el institucionalismo histórico. Pertenecen al institucionalismo histórico, que estudia el nivel macrohistórico, una vieja tradición historiográfica que como apunta Karen Barkey (2008), se compone de una genealogía que abarca: “desde los viejos maestros, como son Herbert Spencer, Karl Marx y Max Weber, a la generación de los académicos historiadores europeos, como son Norbert Elias, March Bloch, Fernand Braudel, E.P. Thompson y Michel Foucault, a los americanos, como son Reinhard Bendix, Barrington Moore, Charles Tilly, Immanuel Wallerstein y Theda Skocpol, otros brillantes practicadores de los estudios macrohistóricos son Thomas Ertman, Rogers Brubaker, Kathleen Thelen y Paul Pierson, entre otros”. Considero pertinente vincular el institucionalismo histórico con la tradición de historiadores que menciona Karen Barkey, puesto que Peter A. Hall (1996) y Guy Peters (1998 y 2005), en su conceptualización del institucionalismo histórico pasan por alto este vínculo con la rica tradición macrohistórica.
Por otra parte, Paul Pierson (2000) conceptualiza la idea sobre el origen y el cambio de las instituciones de acuerdo con el enfoque del institucionalismo histórico, principalmente para el estudio de lo político en marcos institucionales, a través de la noción de path dependence. Así, los procesos políticos se pueden estudiar a través de cuatro características: a). el equilibrio múltiple, b). la contingencia, c). el papel crítico de la sincronización y la secuencia y d) la inercia. Ahora bien el cambio institucional se explica a través de las “coyunturas críticas”, de esta manera la presencia de una “coyuntura crítica” abre el camino hacia un nuevo desarrollo histórico de lo político encauzándolo hacia una nueva ruta (new path).
El institucionalismo en la teoría de la elección racional
El Institucionalismo en la Teoría de la Elección Racional (ITER) parte del supuesto de una racionalidad individual que clasifica y ordena sus preferencias, con el propósito de maximizarlas. Este modelo de la elección racional pretende predecir la conducta de los individuos, a partir del estudio de las reglas formales que incentivan o limitan las acciones de los actores individuales o colectivos (Tsebelis, 2002). Además el ITER pretende alcanzar el status de ciencia, a la manera de la economía.
Un rasgo distintivo del ITER es que no identifica institución con organización. La idea de tiempo que estudia el ITER es a través de eventos de los actores individuales o colectivos en marcos institucionales de reglas formales restrictivas (Bohman, 1992). Un antecedente del ITER lo encontramos en los trabajos académicos de William H. Riker (1957), fundamentalmente en el uso del método deductivo. Para Riker la ciencia política debería estar fundamentada en una teoría consistente y robusta en la investigación empírica, para ello sentó las bases de la Teoría Política Positiva, que a diferencia de la Teoría Política tradicional de carácter normativo, tendría que estar fundamentada en proposiciones axiomáticas. A diferencia del institucionalismo histórico que se sustenta en el método inductivo, el ITER pretende alcanzar leyes universales de tipo deductivo. Un modelo de este carácter no toma en cuenta lo que Douglass C. North (1981) considera costos de transacción, esto es, los actores juegan en contextos históricos, con grados de incertidumbre y con información incompleta, lo que significa que en los intercambios entre agentes se generan costos. Por el contrario, en los modelos de la teoría de la elección racional los individuos tienen cero costo de transacción (Hira y Hira, 2000). Un argumento fuerte de North (Hira y Hira, 2000) es que las preferencias no son transitivas, como lo supone la teoría de la elección racional, pues las preferencias cambian de intensidad en el tiempo y por consiguiente no tienen un orden estable en el transcurrir del tiempo. De ahí que una de las grandes dificultades del ITER es explicar convincentemente el cambio en la dimensión tiempo, cabe agregar que este es un tema atractivo que se sigue debatiendo.
De acuerdo con Guy Peters (1998) el ITER pone el énfasis en la estabilidad institucional y en el carácter predictivo de su teoría. Por otra parte, para el ITER las instituciones son importantes por sus resultados. Siguiendo este argumento, de acuerdo con Peter A. Hall y Rosemary C. R. Taylor una de las “grandes contribuciones del institucionalismo de la elección racional ha sido enfatizar la interacción estratégica en la determinación de los resultados políticos” (Hall y Taylor, 1996:945). Por otra parte, algunos autores señalan que el ITER busca fundamentalmente el equilibrio en las instituciones políticas, el modelo de equilibrio lo encuentran los autores de esta perspectiva en la economía neoclásica (Weingast, Shepsle y Johnsen, 1981; Tsebelis, 2002).
Una limitación del ITER es su supuesto de racionalidad, pues como señala Douglass C. North (1981), el ITER al concebir una racionalidad individual de acuerdo con el modelo neoclásico, no puede explicar las interacciones entre los individuos en contextos históricos institucionales – dimensión que si toma en cuenta el institucionalismo histórico- lo que implica, como ya hemos señalado, no asumir a la “incertidumbre” como elemento explicativo de lo social. En breve, el modelo neoclásico aplicado por el ITER es una gran limitación para explicar otros fenómenos como son los costos de transacción y las creencias en los cambios históricos como son las ideologías políticas.
El institucionalismo sociológico
El institucionalismo sociológico tiene su origen fundamentalmente en la teoría de las organizaciones, en ese sentido esta vertiente anclada en esta tradición epistemológica considera a las instituciones como componentes del mundo social, de ahí que considere a las instituciones como mapas cognitivos que expresan los valores y prácticas de lo social. De esta manera desde la perspectiva del institucionalismo sociológico las instituciones y las organizaciones son entidades intercambiables (Peters, 1998). Por otra parte, el institucionalismo sociológico explica los cambios en las organizaciones fundamentalmente como un proceso de legitimidad social, más que por sus resultados eficientes como lo considera el institucionalismo de la elección racional. A diferencia de los filósofos y cientistas políticos que piensan a las instituciones como ‘independientes’ de la realidad social (March y Olsen, 1984), los estudiosos del institucionalismo sociológico conciben a las instituciones como una dimensión de la sociedad.
Un tema explicito dentro del institucionalismo sociológico es el de la relación entre la estructura y la agencia, propio de la Teoría Sociológica. Para Guy Peters (1998) el tratamiento del problema de la relación entre estructura y agencia, es una cuestión que es centro de estudio en los tres institucionalismos. Es decir, la ciencia política americana en parte es heredera de esta tradición, aunque su registro sea en términos del individualismo metodológico en donde la agencia es el individuo racional y la estructura son las reglas formales restrictivas de las instituciones. Asimismo, el institucionalismo histórico está interesado en investigar cómo en los procesos históricos se relacionan las estructuras y la agencia.
Para el institucionalismo sociológico las instituciones son también prácticas y repertorios simbólicos, esto es, el repertorio de la cultura se manifiesta en la configuración de las instituciones como extensión de valores sociales interiorizados por los actores. Así, la cultura provee un conjunto de imágenes y símbolos que una vez interiorizadas se ponen en práctica en los espacios institucionales. De esta manera, los cambios en los repertorios simbólicos desencadenan cambios en las instituciones, en términos de Peter A. Hall y Rosamary C. R. Taylor (1996) el institucionalismo sociológico sigue la lógica de la adecuación de lo social, contrario a la lógica de la instrumentalidad, esta última lógica es propia del institucionalismo en la teoría de la elección racional. En otras palabras, el cambio en las instituciones de acuerdo con el institucionalismo sociológico, se concibe como un proceso social dinámico entre la agencia y la estructura.
Una dimensión estudiada en el institucionalismo sociológico y que tiene sus raíces en la lectura del mundo moderno, es la configuración de las prácticas de la burocracia. Como sabemos el sociólogo Max Weber concibió al estado burocrático moderno como una manifestación de la racionalidad. De forma tal que el institucionalismo sociológico coloca en su agenda de investigación temas que examinaron los grandes sociólogos como Marx y Weber en su diagnóstico y lectura de la modernidad, temas como el poder y la burocracia estatal.
Consideraciones finales
Como hemos argumentado la consideración del tiempo en los distintos enfoques del institucionalismo se explica en parte por las tradiciones epistemológicas en que cada una de ellas se vincula: el institucionalismo histórico explica a las instituciones en los contextos propiamente del tiempo concebido por los historiadores en donde la permanencia y el cambio juegan un papel importante; el institucionalismo de la teoría de la elección racional concibe el tiempo como eventos en los actores individuales o colectivos; y el institucionalismo sociológico considera que las instituciones (organizaciones) cambian en el contexto de procesos sociales dinámicos entre la agencia y la estructura.
En la literatura politológica podemos encontrar complementos entre las distintas perspectivas teóricas, principalmente en la investigación empírica. Por ejemplo, el trabajo de James Mahoney sobre el liberalismo en Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Honduras y Nicaragua, considera tres tipos de liberalismos: el liberalismo radical (Guatemala y El Salvador); el liberalismo reformista (Costa Rica) y el liberalismo “abortivo” (Honduras y Nicaragua). Estos tres tipos de liberalismo se estudian desde la perspectiva ideológica de los jugadores y desde las “coyunturas críticas”. Como podemos observar en su trabajo empírico James Mahoney echa mano tanto de la teoría de juegos vinculada con el individualismo metodológico y de la noción de “path dependence” para explicar las coyunturas críticas categorías propias del institucionalismo histórico. El propio James Mahoney tiende puentes entre el institucionalismo sociológico y el institucionalismo histórico, en su trabajo titulado Path dependence and Historical Sociology (2000).
Un campo fructífero para la investigación empírica es concebir a las instituciones no sólo como reglas formales restrictivas como supone el institucionalismo en la teoría de la elección racional, sino también concebir a las instituciones como reglas informales que regulan la conducta de los actores. El estudio de las instituciones como reglas formales e informales es de vital relevancia para estudiar los contextos latinoamericanos. Guillermo O’Donnell (1993) destaca la importancia de estudiar las reglas informales en los escenarios políticos de América Latina. Para O’Donnell la ‘democracia’ en América Latina son ‘democracias delegativas’, en donde los controles institucionales para vigilar el quehacer de los políticos son débiles. A contracorriente de la literatura politológica institucionalista de rational choice sobre América Latina (Munck, 2004), O’Donnell pone el acento en una perspectiva más de sociología política, en donde la institucionalidad se concibe también en marcos de reglas informales. En esta línea de O’Donnell, las investigaciones empíricas de Steven Levitsky y Leandro Wolfson se enfocan a estudiar las reglas tanto formales como informales de la política. Su trabajo clave de Levitsky y Wolfson es su estudio titulado Del sindicalismo al clientelismo: la transformación de los vínculos partido-sindicatos en el peronismo, 1983-1999 (2004). A estos trabajos se suma la obra de Gisela Zaremberg titulado Mujeres, votos y asistencia social en el México priísta y la Argentina peronista (2009). Estas dos últimas investigaciones son en parte respuesta a las investigaciones institucionalistas de la teoría de la elección racional que se inscriben en el estudio de la democracia en América Latina.
Gerardo L. Munck ha realizado un recuento exhaustivo sobre los estudios institucionalistas de la democracia en América Latina, principalmente en su trabajo titulado La política democrática en América Latina: contribuciones de una perspectiva institucional (2004). Munck concibe su análisis de los estudios institucionalistas sobre la democracia latinoamericana desde la perspectiva del institucionalismo en la teoría de la elección racional. La agenda de investigación de esta perspectiva institucionalista para América Latina, reside en examinar el desempeño de las instituciones en marcos de reglas formales, como es la relación entre el ejecutivo y legislativo en el sistema presidencialista, los poderes de los ejecutivos y los sistemas electorales.
No podemos pasar por alto las contribuciones del institucionalismo histórico desde la perspectiva de los estudios macrohistóricos para América Latina. Sin lugar a dudas, el trabajo historiográfico de John H. Coatsworth es un excelente ejemplo sobre los estudios de larga duración para explicar la dimensión económica en América Latina. La inclusión de Coatsworth en el institucionalismo histórico me parece pertinente en el sentido de que su investigación sobre aspectos de crecimiento y política fiscal en contextos macrohistóricos permite estudiar las instituciones económicas en el tiempo histórico, para saber tendencias y cambios institucionales, por ejemplo el estudio - junto a Jeffrey G. Williamson - Always Protectionist? Latin American Tariffs from Independence to Great Depression, es un análisis sobre el funcionamiento del proteccionismo económico en América Latina.
Esta revisión de la literatura sobre la investigación empírica de las instituciones de América Latina, me permite argumentar que los distintos enfoques de los institucionalismos aquí examinados se complementan en la investigación empírica, es decir, la investigación empírica representa lo que llamaría una “heterodoxia metodológica”. Esta heterodoxia metodológica como lo hemos observado en los trabajos resumidos en estas consideraciones finales, permite enriquecer la investigación empírica, concretamente en los estudios de la política de América Latina. Así, la mejor manera de complementar los enfoques del nuevo institucionalismo es a través de la investigación empírica, siguiendo el espíritu de investigación de Charles Wright Mills[6] diría que los enfoques del nuevo institucionalismo se complementan en la “imaginación metodológica”.
Referencias bibliográficas
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Zaremberg, Gisela (2009), Mujeres, Votos y Asistencia Social en el México Priista y la Argentina Peronista, Flacso, versión en prensa.
Notas
[1] Como nos cuenta el historiador Plutarco en su obra Vidas Paralelas, el conquistador Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles, enviaba a su maestro las constituciones de los pueblos que conquistaba.
[2] El tema sobre las formas de gobierno, Aristóteles lo expone en la obra La Política; con respecto a las virtudes de los hombres en su obra Ética a Nicómaco expone su célebre clasificación sobre el “hombre de bien” y “el buen ciudadano”.
[3] Claramente el punto de crítica de Philip Selznick es el institucionalismo en la teoría de la elección racional.
[4] Fernand Braudel en su obra El Mediterráneo y el mundo del mediterráneo en la época de Felipe II, no menciona a Felipe II, porque no es el actor central de su libro; el gran actor de su libro es esta gran estructura geográfica que es el Mediterráneo.
[5] La formulación del concepto de “coyuntura crítica” en las Ciencias Sociales fue realizada por Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan en su trabajo Cleavage Structures, Party Systems, and Voter Alignments: An Introduction.
[6] Me refiero a la estrategia de investigación acuñada por Mills, “la imaginación sociológica”.
* Noé Hernández Cortez, actualmente estudia el Doctorado en Investigación en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede México. Líneas de investigación: Economía Política Internacional, Análisis de Política Pública, Política Social en Venezuela, Globalización y Estrategias de las Políticas Monetarias. * noe.hernandez@flacso.edu.mx; noehernandezcortez@gmail.com
ARTÍCULO EN DOCUMENTO: EL TIEMPO Y LAS INSTITUCIONES EN LOS ENFOQUES DEL NUEVO INSTITUCIONALISMO.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Javier Corrales
Javier Corrales es profesor en el Departamento de Ciencia Política en el Amherst College. Autor del reportaje Venezuela. Petro-Politics and the Promotion of Disorder. Aquí el video de su conferencia ofrecida en marzo de 2009 en el Amherst College, titulada Los gobiernos anti-americanos de América Latina: Venezuela, Cuba y Bolivia.
Davos, Informe 2011 sobre los riesgos globales
Noé Hernández Cortez*En la pasada reunión del Foro Económico Mundial en Davos se presentó el informe sobre los riesgos globales (Global Risks 2011). Lo relevante del informe es la identificación de los 37 riesgos globales, su comportamiento y registro de su evolución, así como la percepción de probabilidad de su fuerza de impacto sobre el sistema mundial. Los riesgos globales son agrupados en cinco categorías: economía, medio ambiente, sociedad, geopolítica y tecnología. El informe 2011 es el resultado de una investigación sofisticada a partir de estudios académicos significativos en cada uno de los riesgos globales. A cada categoría en que se agrupan los riesgos se le dedicaron 18 mesas de trabajos con expertos. Sumado a lo anterior el informe describe las interrelaciones entre cada uno de los riesgos, la probabilidad de presentarse el evento de riesgo, la severidad con la que se manifestaría y la variación en la percepción del mismo, estas características en la percepción de los riesgos globales son datos que provienen de la Encuesta de los Riesgos Globales 2010.
La descripción de los riesgos globales que podemos observar en el informe son los siguientes:
a) Colapso en el sistema de precios
b) Extrema volatilidad en los precios de los productos básicos
c) Extrema volatilidad en los precios al consumidor
d) Extrema volatilidad en los precios de los energéticos
e) Crisis fiscales
f) Desequilibrios globales y la volatilidad de las divisas
g) Fragilidad en la infraestructura
h) Crisis crediticia y de liquidez
i) Fracasos regulatorios
j) Reducción de la globalización
k) Desaceleración de la economía china (<6%)
a) Contaminación del aire
b) Pérdida de la biodiversidad
c) Cambio climático
d) Terremotos y erupciones volcánicas
e) Inundaciones
f) Gobernanza de los océanos
g) Tormentas y ciclones
a) Las enfermedades crónicas
b) Los desafíos demográficos
c) Las desigualdades económicas
d) Seguridad alimentaria
e) Las enfermedades infecciosas
f) Migración
g) Seguridad del agua
4. Riesgos geopolíticos
a) Corrupción
b) Fragilidad estatal
c) Conflicto geopolítico
d) Quebrantos en la gobernanza global
e) El comercio ilícito
f) El crimen organizado
g) Seguridad del espacio
h) Terrorismo
i) Armas de destrucción masiva
a) Ruptura en la infraestructura de información crítica
b) Seguridad de la información y datos en línea
c) Amenazas desde nuevas tecnologías
La percepción de los impactos de los riesgos sobre la sociedad global es concebida en una interrelación de redes. Las interrelaciones pueden ser fuertes o débiles, justamente imaginemos como las redes de una “telaraña” que al caer un insecto en ella impacta sobre un punto y se propaga la fuerza del impacto a través de toda la red. Siguiendo nuestra metáfora, en el estudio se ilustra la “propagación” de tres interrelaciones de riesgos globales altamente probables y de alto impacto económico. 1). Las interrelaciones de los desequilibrios macroeconómicos como son las crisis fiscales, el colapso del sistema de precios y los desequilibrios globales y volatilidad de precios; 2). Las conexiones de la economía ilegal como es el comercio ilícito, el crimen organizado, la fragilidad estatal y la corrupción; 3). Los nexos entre agua, alimentación y energía involucra cuatro riesgos globales: cambio climático, seguridad del agua, seguridad alimentaria y volatilidad extrema en los precios de los energéticos.
El análisis del informe nos otorga un retrato de los problemas comunes de nuestra aldea global, su entendimiento nos permite a la vez pensar nuestra aldea local con sus problemas y retos cotidianos.
* Candidato a Doctor en Investigación en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política, Flacso, Sede México.
EN DOCUMENTO: Davos, informe 2011 sobre los riesgos globales
Alejandro Rossi, 1932-2009
Mi encuentro con la literatura de Alejandro Rossi fue cuando cayó en mis manos un número de la revista Vuelta de Octavio Paz. Rossi cruzó el ritmo de las lenguas de Florencia, Buenos Aires, Caracas y Ciudad de México. En su discurso de ingreso al Colegio Nacional, presentó sus cartas credenciales sobre sus rutas epistemológicas entre la literatura y la filosofía. El autor del Manual del distraído escribió:
[...] Pienso en la ausencia de un lenguaje de la calle que fuera específicamente mío, en la carencia de ese arco que va de la lengua del patio y de la cuadra pendenciera a la literatura ¿Cuál hubiese podido ser? ¿El de Florencia, el de Buenos Aires, el de Caracas? Cuando bajé de un avión en la Ciudad de México, año 1951, era ya tarde. La vida tiene sus tiempos. Por eso, por todo eso, tal vez, la preferencia por las prosas tersas y deliberadas, por el metalenguaje, por las parodias, por las narraciones incrédulas, las que tantean, como un bastón de ciego, la realidad, las que construyen el cuento de la vida como una incertidumbre y una adivinanza. ¿Y no es eso una especie de “investigación lógica” de las razones para afirmar esto o aquello? Aquí, precisamente aquí, está el punto de intersección de la filosofía con la literatura [...]
Otra carta credencial de Rossi era su defensa del ejercicio democrático. En noviembre de 1998 escribió en el periódico El Universal sus argumentos a favor de las formas democráticas en Venezuela. La lectura sobre la celebración de las elecciones de 1998 en Venezuela en su artículo Venezuela elige es de gran actualidad política, ahí leemos:
Los dos candidatos más fuertes para la Presidencia de la República no pertenecen, en efecto, a los partidos clásicos. Lo que han creado son agrupaciones electorales de carácter personal y contingente. Otra singularidad es que ninguna de las dos agrupaciones superó en la Cámara a Acción Democrática, cuyo candidato presidencial, debido a problemas de liderazgo e imagen, sin embargo está en las encuestas por debajo de Henrique Salas Römer y del teniente coronel Hugo Chávez Frías. El comandante es, según opiniones especializadas, quien cuenta con mayores probabilidades. Se trata del militar que se levantó en armas en 1992 en contra del entonces gobierno presidido por Carlos Andrés Pérez , rebelión que dejó, por cierto, más de cuatrocientos muertos. Es increíble que la legalidad republicana haya permitido que se presentara como candidato. El Teniente Coronel favorece la boina roja -esos signos típicos de los grupos de choque-, gusta de las amenazas, nada veladas, a la estructura democrática de Venezuela, y balbucea un brumoso programa populista de justicia social.
A la distancia el análisis político de Rossi sobre la democracia en Venezuela tiene gran sentido para comprender lo que sucede actualmente en Venezuela: la pérdida gradual de las libertades políticas y la erosión de la institucionalidad republicana que se logró instaurar en 1959 en Venezuela, producto del pacto político de “Punto Fijo”.
En documento: Alejandro Rossi, 1932_2009.
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