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jueves, 26 de septiembre de 2013

Venezuela en su antagonismo: las identidades formadas a partir del conflicto del Paro Cívico Petrolero de 2002-2003

Redes y jerarquías. Participación, representación y conflicto local en América Latina (Volumen 2)
Gisela Zaremberg y María Antonia Muñoz
(Coordinadoras)
Noé Hernández Cortez*


En estos días circula el libro “Redes y jerarquías. Participación, representación y conflicto local en América Latina” (Volumen 2), editado por FLACSO-México y el International Development Research Centre (IDRC), 2013. El libro es coordinado por Gisela Zaremberg y María Antonia Muñoz. Zaremberg tiene una brillante carrera académica en donde conjunta la sociología, la historia, la filosofía y la teoría de redes; Muñoz ha realizado una producción académica notable tanto en México como en Argentina, sus intereses intelectuales se mueven dentro de la filosofía política posmoderna, los movimientos sociales y la sociología política.


En el libro “Redes y jerarquías. Participación, representación y conflicto local en América Latina” el lector latinoamericano podrá encontrar estudios académicos sobre el conflicto en México, Colombia y Venezuela. Las distintas tensiones políticas y sociales que emergen en América Latina son analizadas por estudiosos como Gisela Zaremberg, María Antonia Muñoz, Todd A. Eisenstadt, Jennifer Yelle, Jorge Cadena-Roa, Javier Hernández Santiago y Fabio E. Velásquez. En este libro tengo el honor de participar con el capítulo 4 titulado “Venezuela en su antagonismo: las identidades formadas a partir del conflicto del Paro Cívico Petrolero de 2002-2003″. Debo mencionar que el libro tiene una bella edición y un esmerado cuidado tipográfico.


Ciudad Ixtepec, Oaxaca, a 24 de septiembre de 2013.

*Noé Hernández Cortez es Doctor en Ciencias Sociales por FLACSO-México. Actualmente es profesor de Ciencia Política en el Departamento de Administración Pública en la Universidad del Istmo, Campus Ixtepec, Oaxaca, México. Correo electrónico: noe.hernandez@flacso.edu.mx


jueves, 25 de octubre de 2012

El triunfo de Hugo Chávez y la erosión de la libertad económica


Fotografía: The Economist

Noé Hernández Cortez*

De acuerdo con el Consejo Nacional Electoral de Venezuela el candidato del oficialismo Hugo Rafael Chávez Frías obtuvo el 55.13% de la votación, contra el 44.25% del candidato de la oposición Henrique Capriles Radonski en las elecciones presidenciales celebradas el pasado 7 de octubre en Venezuela. Con este triunfo de Hugo Chávez el proyecto de la Revolución Bolivariana se prolonga por seis años más. Una primera radiografía de estas elecciones presidenciales en Venezuela consistiría en observar que el alto abstencionismo de las últimas elecciones estuvo ausente, pues la participación electoral en estas elecciones del 7 octubre alcanzaron el 80.56% de participación electoral. Por otra parte, podemos considerar que la oposición también triunfó en estas elecciones, pues ha obtenido una votación significativa no lograda en elecciones anteriores al estar a solo 10.61% del candidato oficial ganador.


A pesar de la aplanadora mediática durante la campaña electoral y el discurso violento del que dispuso Hugo Chávez, la Mesa de la Unidad Democrática en torno a su candidato Henrique Capriles logró construir un nuevo escenario político a través de un discurso democrático y la idea de una casa común a través de un lenguaje republicano frente a una sociedad desgarrada por la polarización ideológica. Con respecto al discurso republicano Henrique Capriles se acerca más a Simón Bolívar, que Hugo Chávez con su imagen distorsionada del Libertador. El reciente triunfo electoral de Hugo Chávez, legitimada por la oposición, nos plantea preguntarnos por el estado actual de su gestión de gobierno articulado en su política económica del socialismo del siglo XXI. Ante esto cabe preguntarse ¿Cuál es el estado actual de la economía venezolana en términos de libertad económica? ¿Es el socialismo del siglo XXI un modelo económico alternativo al “imperialista” modelo liberal? En ese sentido, teniendo en cuenta el triunfo de Hugo Chávez, es relevante asomarse a algunos indicadores económicos para observar el actual estado de la libertad económica del gobierno del socialismo del siglo XXI en Venezuela, para ello he tomado un conjunto de indicadores sobre competitividad económica global, derechos de propiedad y la facilidad para hacer negocios, información provista por instituciones internacionales, inicio con la tasa de inflación indicador sensible para analizar los costos de oportunidad que ofrece el país en cuanto a la inversión extranjera directa. Veamos algunos números.


Inflación


De acuerdo con el Banco Central de Venezuela (BCV) la tasa de inflación acumulada en el país para agosto de 2012 fue de 9.8%, mientras que la tasa de inflación anualizada fue de 18.1%, por supuesto que el Banco Central de Venezuela ve con optimismo estas cifras, pues considera que son inferiores a las metas inflacionarias estimadas por el Gobierno Federal para este 2012 que oscilan entre el 20% y 22%.


Competitividad económica global


En la evaluación que realiza el Foro Económico Mundial (World Economic Forum) sobre competitividad económica a nivel global entre los distintos países, en el rankeo del Índice de Competitividad Global 2011-2012 (The Global Competitiveness Report 2011-2012), Venezuela ocupa el lugar número 124 con una calificación de 3.51, le sigue Nepal con 3.47; para comparar el desempeño de Venezuela en materia de competitividad económica entre países de América Latina tenemos que Chile se encuentra en la posición número 31 con 4.70 puntos; Perú ocupa el lugar número 67 con 4.21 puntos y Colombia ocupa el lugar número 68 con una calificación de 4.20. México está en la posición número 58 y Argentina en el 85, con 4.29 y 3.99 puntos respectivamente, estos países latinoamericanos en cierto sentido semejantes a la economía venezolana se encuentran muy alejados de la posición que guarda la competencia económica en Venezuela.


Derechos de propiedad


Hernando de Soto nos has demostrado que los países que tienen un fuerte estado de derecho, que permita la protección y garantice los derechos de propiedad de sus ciudadanos, manifiestan de manera positiva crecimiento económico. En el reporte del 2012 del Índice Internacional de los Derechos de Propiedad (2012 Report. International Property Rights Index), se evalúa la fortaleza de los derechos de propiedad en 130 economías, las cuales representan el 97% del PIB mundial. En ese sentido los cinco primeros países mejor evaluados en el rankeo del Índice Internacional de los Derechos de Propiedad 2012 son los siguientes (ver Tabla No. 1):
Tabla No. 1. Los cinco primeros países mejor evaluados en el Índice Internacional de los Derechos de Propiedad.
PosiciónPaís Puntaje
1Finlandia:8.6
2Suecia:8.5
3Noruega:8.3
3Singapur:8.3
3Suiza:8.3
Fuente: 2012 Report. International Property Rights Index



Por otra parte, comparemos a Venezuela con países de América Latina (ver Tabla No.2).


Tabla No. 2. Posición de algunos países de América Latina en el ranking del Índice Internacional de los Derechos de Propiedad.
PosiciónPaís Puntaje
28Chile:6.7
69Colombia:5.2
76México:5
76Perú:5
87Argentina:4.7
128Venezuela:3.4
Fuente: 2012 Report. International Property Rights Index



Es importante subrayar que Venezuela está apenas una posición debajo de Libia que ocupa la posición 129 y de dos con respecto a Yemen lugar 130 de la clasificación, con 3.1 y 3.0 del rankeo respectivamente.


El clima de los negocios


La importancia que cobra el clima de los negocios en un escenario transparente propio de una economía global cada vez toma mayor relevancia tanto para los gobiernos como para las empresas. Las empresas requieren de ambientes económicos y legales de certidumbre para reducir sus costos de transacción, en ese sentido las instituciones internacionales como el Banco Mundial (BM) y la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés) se han visto en la tarea de evaluar y medir los ambientes de negocios de los países. El estudio del 2012 titulado Haciendo negocios en un mundo más transparente (Doing Business 2012) mide el grado de regulación económica que incentivan el buen desempeño de las empresas, así como el diseño del marco legal que garantice y proteja los derechos de propiedad. El estudio evalúa 183 economías comparables entre sí. De acuerdo con este estudio del 2012 el rankeo de los primeros cinco lugares que favorecen un ambiente para hacer negocios se encuentran Singapur; RAE de Hong Kong, China; Nueva Zelanda; EE.UU. y Dinamarca, respectivamente.


Ahora comparemos el rankeo de la facilidad para hacer  negocios en Venezuela con países de América Latina en la siguiente Tabla No. 3


Tabla No. 3 Clasificaciones en facilidad de hacer negocios en algunos países de América Latina
Clasificación en el 2012País
39Chile
41Perú
42Colombia
53México
113Argentina
177Venezuela
Fuente: Doing Business 2012



Hay que destacar que Haití ocupa el lugar número 174, tres posiciones abajo de Venezuela, lo que indica que en Haití existe un clima más propicio para hacer negocios que en Venezuela. Así, con este recuento de los indicadores de libertad económica en que participan los países democráticos del mundo, observamos que el modelo económico del socialismo del siglo XXI impulsado por la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez no ha rendido los frutos esperados, más bien ha erosionado la libertad económica a cambio de un desmesurado derroche de la renta petrolera.


Ciudad de México, a 25 de octubre de 2012.



DOCUMENTO DEL POST: El triunfo de Hugo Chávez y la erosión de la libertad económica


*Noé Hernández Cortez es Doctor de Investigación en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, Sede México. E-mail: noe.hernandez@flacso.edu.mx; noe.hernandezcortez@gmail.com

viernes, 21 de septiembre de 2012

Especialidad en política y gestión energética y medioambiental en Flacso, Sede México.


La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso, Sede México, tiene en su conjunto de programas académicos de ciencias sociales, gobierno y política pública la Especialidad en política y gestión energética y medioambiental. Aquí dejo la información institucional.

viernes, 13 de abril de 2012

Lecturas para comprender el populismo de Hugo Chávez

Noé Hernández Cortez*


El consejo de redacción de Letras Libres se dedicó en su Dossier –de su más reciente edición (abril, 2012) – a reunir un conjunto de ensayos que versan sobre el fenómeno político del populismo. Como lo anuncia la entrada de la edición, tres ensayos son ponencias presentadas en la Universidad de Princeton, durante un seminario en torno a descifrar los rasgos distintivos del populismo: Sobre la distinción entre democracia y populismo del profesor en ciencia política John P. McCormick; Reflexiones sobre un concepto y su uso del politólogo holandés Cas Mudde; y En torno al populismo del historiador liberal Enrique Krauze. Acompañan a este conjunto de reflexiones dos penetrantes ensayos: El fin de la historia retrocede en Europa del filósofo y economista francés Guy Sorman; y Populismo en México: Recuento de daños del filósofo y politólogo César Cansino.


Mi primera impresión al leer estos ensayos es la bella edición y la coherencia temática que no es común encontrar en las revistas académicas. Además la traducción, en particular del ensayo de Cas Mudde, autor más cercano a mí, por parte de Marianela Santoveña, es sobria e impecable. Por otra parte, creo no exagerar que en nuestra vida intelectual mexicana no circula en estos días un ensayo tan polémico y apasionado como el de Guy Sorman, quien nos recuerda una tradición cultural que escribió a contracorriente de los autoritarismos del siglo XX:


“…Pero ¿no es la virtud de la democracia confiar el poder a los mediocres con la única condición de que ese ejercicio del poder esté limitado en el tiempo? Sin duda, y en último lugar, la defensa y la ilustración intelectual de la democracia liberal deja mucho que desear: nos faltan los Karl Popper, los Friedrich Hayek, los Raymond Aron, los Milton Friedman, los Octavio Paz que afirmen la superioridad espiritual y operacional de la democracia.” (Letras Libres, abril, 2012).


Y más adelante Sorman fustiga:


“…Además de los populistas étnicos y revolucionarios inquieta el espacio mediático y político que han conquistado los ‘tontos inútiles’ en tiempo de ‘crisis’.” (Letras Libres, abril, 2012).


El ensayo de César Cansino es una reflexión histórica sobre los males del populismo en la historia inmediata de México, en particular la grandilocuencia de los discursos populistas de Luis Echeverría y José López Portillo, cuyas consecuencias fueron saldos negativos en el manejo de la economía. El populismo en México son reacciones a gobiernos “deslucidos” que les antecedieron, así los gobiernos populistas de Luis Echeverría y José López Portillo son la reacción a los gobiernos apáticos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, el populismo neoliberal de Carlos Salinas de Gortari es una respuesta a la sobria administración de Miguel de la Madrid, y el populismo de Vicente Fox una reacción al gobierno tecnocrático de Ernesto Zedillo.


El gran ausente de este Dossier sobre el tema del populismo es el filósofo argentino Ernesto Laclau. El único que lo comenta explícitamente es justamente César Cansino, quien de paso le realiza una crítica en los siguientes términos:


“…Por lo que respecta al populismo clásico de Cárdenas, que coincide con los de Getulio Vargas en Brasil o Juan Domingo Perón en Argentina, surge en un contexto con fines autoritarios, por más que algunas analistas -aquí se refiere a Ernesto Laclau- quieran ver en él una fuerza fundamental en la democratización del país gracias a la incorporación simbólica y efectiva de amplios sectores populares que se encontraban excluidos tanto política como económicamente.” (Letras Libres, abril, 2012).


Ernesto Laclau es un autor fundamental para polemizar sobre el fenómeno del populismo. Laclau es autor de una teoría del populismo desde la mirada del discurso y la historia. Asimismo, el pensador argentino emprende un diálogo para comprender el populismo con la teoría de la elección racional, la teoría comunicativa de Habermas y la teoría política liberal de John Rawls, todo ello desde su lectura personal de la modernidad y del marxismo.[1] Cuestiones que ciertamente pasa por alto César Cansino sobre Laclau para comprender su noción de democracia radical. En México, en las revistas culturales de acceso a un mayor público, quienes han polemizado con Laclau son el antropólogo Roger Bartra y el ensayista Jesús Silva Herzog-Márquez.


Los ensayos de Cas Mudde y John P. McCormick son una reflexión desde la tradición de la ciencia política americana. Si bien es cierto que Mudde es un politólogo europeo, su discusión intelectual se nutre de la ciencia política americana. Mudde registra en su ensayo la preocupación por definir conceptualmente a lo que llamamos “populismo”, tomando las lecciones de lógica aristotélica del politólogo italiano Giovanni Sartori, construye un concepto de populismo que le ha permitido realizar indagaciones empíricas sobre el populismo de los partidos de derecha en Europa.


Así con estos instrumentos lógicos Mudde define al populismo como “una ideología de núcleo poroso, que considera que la sociedad está dividida en dos grupos homogéneos y antagónicos –‘el pueblo puro’ frente a ‘la élite corrupta’ –, y que sostiene que la política debería ser una expresión de la volonté générale (voluntad general) del pueblo” (Mudde, Letras Libres, 2012). Uno de los propósitos de Mudde en sus investigaciones consiste en proporcionar estrategias metodológicas para indagar empíricamente el fenómeno del populismo.


John P. McCormick se asoma a sus estudios de historia política para trazar la distinción entre democracia y populismo. Al igual que Pierre Rosanvallon, quien considera al populismo como un fenómeno político inherente a la democracia moderna, McCormick desde la Universidad de Chicago escribe estas conclusiones:

“…Mientras que es preferible en términos normativos una democracia en la que la gente en efecto se gobierna a sí misma por encima de casi todas las formas del populismo, alguna variante de este último debería ser absolutamente necesaria para hacer que las repúblicas[2] electorales modernas sean más democráticas verdaderamente…” (Letras Libres, abril, 2012).

El historiador liberal Enrique Krauze cierra el Dossier con su ensayo En torno al populismo. Siendo reciente su investigación apasionada sobre la Venezuela de Hugo Chávez, Krauze se ha sumergido a discutir los temas de populismo de manera más sistemática. De hecho cuenta Krauze en su libro El poder y el delirio que interesado por el concepto de “pueblo” estableció un fructífero diálogo con Luis Fernando Lara y Julio Hubard quienes le “aportaron reflexiones sobre el concepto lingüístico y teológico de ‘pueblo’.” (Krauze, 2008:16).


Ernesto Laclau ha argumentado que el populismo encarnado en el discurso del líder articula un conjunto de demandas insatisfechas de los ciudadanos, para articular dichas demandas el líder asume en su discurso la construcción de “pueblo”, de esta manera unifica las demandas fragmentadas del mundo social. Cas Mudde observa con escepticismo que la presencia del líder sea un rasgo distintivo del populismo, no obstante Enrique Krauze, más cercano a la idea de líder de Laclau, escribe en su ensayo:


“Para llevar a cabo su proyecto, el populista utiliza como vehículo fundamental la palabra amplificada en la plaza pública. Los demagogos existen desde los griegos, pero los populistas son producto de la sociedad industrial de masas y del megáfono. El populista se apodera de la palabra y fabrica la verdad oficial. Una vez investido en intérprete predominante o único de la realidad (o en agencia pública de noticias), el populista aspira a encarnar esa verdad total y trascendente que las sociedades no encuentran -aunque a menudo aspiran a ella- en un Estado laico…” (Letras Libres, abril, 2012).


En esta idea del líder populista se aproximan el filósofo de tradición marxista Ernesto Laclau y el historiador liberal Enrique Krauze. Así el Dossier de Letras Libres de abril es una invitación a tender un diálogo, desde distintas áreas de estudio, sobre el rostro siempre oculto de la democracia moderna: el populismo.



Referencias bibliográficas

Cansino, César, 2012, “Populismo en México: Recuento de daños”, en Letras Libres, núm. 160, pp. 24-27.

Ernesto Laclau, 2010, La razón populista, México, Fondo de Cultura Económica.

Krauze, Enrique, 2008, El poder y el delirio, México, Tusquets Editores.

Krauze, Enrique, 2012, “En torno al populismo”, en Letras Libres, núm. 160, pp. 14-16.

McCormick, John P., 2012, “Sobre la distinción entre democracia y populismo”, en Letras Libres, núm. 160, pp. 21-23.

Mudde, Cas, 2012, “Reflexiones sobre un concepto y su uso”, en Letras Libres, núm. 160, pp. 16-20.

Sorman, Guy, 2012, “Fin de la historia retrocede en Europa”, en Letras Libres, núm. 160, pp. 28-32.
Ciudad de México, a 13 de abril de 2012.





* Noé Hernández Cortez es Doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO, Sede México). E-mail: noe.hernandez@flacso.edu.mx
[1] Ernesto Laclau, 2010, La razón populista, México, Fondo de Cultura Económica.
[2] Ecos intelectuales de la noción de república de Nicolás Maquiavelo y Bernard Manin.

lunes, 23 de enero de 2012

Venezuela: el discurso de concordia de la oposición

El nacimiento de la democracia en Venezuela tuvo como acto fundador el predominio de la concordia entre los distintos actores políticos. La estabilidad política del sistema bipartidista, representado en el pasado por Acción Democrática y la Copei, canalizó de manera exitosa las demandas sociales de la sociedad. No obstante, una lectura de la historia inmediata de Venezuela nos dice que este sistema bipartidista empezó a erosionarse a partir de la crisis política que envolvió al gobierno de Carlos Andrés Pérez a finales de la década de los ochenta.


En un nuevo escenario político en donde se ha instalado la ideología de la Revolución Bolivariana, liderada por el Presidente Hugo Chávez, no sólo las instituciones del bipartidismo se han erosionado, sino también las instituciones gubernamentales de los poderes públicos. Venezuela vive un profundo déficit democrático. En esta situación política es importante que la oposición recupere lo mejor de la herencia democrática de Venezuela: el diálogo y la concordia política.


El escritor liberal Alejandro Tarre recientemente ha escrito en su blog las siguientes líneas “En primer lugar está la necesidad política de un discurso de reconciliación. Excepto Arria y Medina, todos los candidatos, incluyendo María Corina Machado, entienden esta necesidad.” Las palabras de Alejandro Tarre son comprensibles si tenemos en cuenta que Venezuela ha transitado por una trágica polarización ideológica que ha desembocado en violencia verbal y social. En septiembre de 2010 escribí una breve nota en el blog de Nexos, después de las elecciones parlamentarias en Venezuela del 2010, una de las ideas que expuse en ese breve escrito fue “La oposición con ese pequeño espacio legislativo tendrá que establecer un diálogo de acuerdo político y que el optimismo del triunfo no lleve a descalificar y cerrar puertas al oficialismo. Lo que viene ahora para Venezuela es el arte de la política: saber dialogar para tender los puentes de comunicación entre los actores políticos”. Ahora en el 2012 insisto en que uno de los mejores caminos que la oposición debe asumir es retomar de manera creativa lo mejor de la tradición democrática de Venezuela: el diálogo político principio básico para la concordia política.

           

 Ciudad de México, a 23 de enero de 2012



martes, 11 de octubre de 2011

El discurso ideológico de la política social en Venezuela, 1989-2010: un enfoque postestructuralista

Resumen.

La presente investigación examina el cambio discursivo en el plano ideológico de la política social en Venezuela en el período de 1989-2010. Nuestra investigación se sustenta fundamentalmente en la teoría del discurso posestructuralista de Ernesto Laclau. La importancia de nuestro marco conceptual para el análisis de los efectos ideológicos de los discursos de la política pública, consiste en ser una alternativa teórica para estudiar los cambios institucionales a partir de eventos y discursos claves, y a la vez en ser una propuesta al corpus teórico de las investigaciones en política pública, que ponen el énfasis en el estudio de las ideas y discursos para analizar los cambios institucionales que conlleva la articulación hegemónica de nuevas ideologías en materia de política social.


La articulación discursiva de la política social en Venezuela en el período de 1989-2010, responde a dos efectos ideológicos de dos momentos hegemónicos en la forma de gestión gubernativa. En un primer momento a la ideología neoliberal que crea la subjetivación de un ciudadano-consumidor, cuyos derechos sociales responden a la lógica del mercado; en un segundo momento – a partir del año axial venezolano de 1999- se crea una nueva subjetivación del ciudadano como partícipe de la democracia radical venezolana, y cuyos derechos sociales son garantizados y legitimados por la comunidad política creada en la Revolución Bolivariana, que actualmente continua en proceso.


Nuestra investigación indaga las estrategias discursivas en ambos momentos hegemónicos en la política social venezolana, a partir de los antagonismos discursivos y los efectos ideológicos traducidos en representaciones políticas en la política social. Más que proponer una evaluación de las políticas sociales a partir de determinados modelos normativos, nuestro análisis del discurso sobre la política social venezolana construye los puntos nodales de la hegemonía ideológica de las prácticas de la política pública, atrapando el mundo de lo político de las ideologías políticas que contextualizan a la política social.


PALABRAS CLAVES:Teoría del Discurso Postestructuralista, Ideología, Hegemonía, Política Social, Política de Salud, Venezuela.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Algunas notas de Yvon Grenier sobre Venezuela

El número 26 de la Revista Literal está dedicado al tema de la desobediencia civil en el mundo global de las comunicaciones. Encuentro en esta edición un artículo del politólogo Yvon Grenier titulado Lecciones para el moderno autócrata. Adiós al PRI , de acuerdo con Grenier la historia de México puede arrojar lecciones relevantes para un régimen que Octavio Paz llamó en su momento “un régimen ‘hacia la democracia’”.

Sobre Venezuela Grenier escribe las siguientes líneas: "[...] en un país tan saturado de política como la Venezuela de Chávez, la Revolución es un estilo, un ambiente (un color: rojo) y un recurso retórico, no un sistema coherente de ideas".

miércoles, 24 de agosto de 2011

Venezuela: el Pacto de Punto Fijo y los derechos sociales, unas notas



Noé Hernández Cortez
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
Sede México
noe.hernandez@flacso.edu.mx; noe.hernandezcortez@gmail.com


Uno de los primeros discursos democráticos en la historia política latinoamericana es la de Venezuela. El historiador mexicano Jean Meyer escribiría en 1977 las siguientes líneas: “todos los países de las Américas Ibéricas, todos salvo México, Colombia, Venezuela y la pequeña Costa Rica, están gobernadas actualmente por militares; sólo desde hace unos quince años Venezuela logró escapar a esos generales: Colombia recuerda todavía al general Rojas Pinilla. La única excepción finalmente, es la de México” (Meyer, 1977: 4). El análisis histórico de Jean Meyer sobre Venezuela, se refiere al temprano nacimiento de la democracia en Venezuela. Con la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se llegó a un acuerdo entre la élite política en 1958 a través del memorable Pacto de Punto Fijo (Rey, 1991; Kornblith, 1994).[1]


 En 1959 el sociólogo político y cientista político Seymour Martin Lipset[2] definía a la democracia como “un sistema político en el cual existe oferta regular de oportunidades constitucionales para cambiar a los funcionarios gubernamentales” (1959: 71), por supuesto esta rotación de cargos públicos se sustenta en el mecanismo elemental de la democracia: la celebración de elecciones competitivas y transparentes. Asimismo, Lipset argumentaba que esta rotación de cambio en los cargos públicos en toda democracia se sustentaba en tres mínimas condiciones, a saber: “1). Una “fórmula política”, entendida como un sistema de creencias, legitimidad del sistema democrático e instituciones específicas – partidos políticos, libertad de prensa, etcétera- los cuales son legitimados y aceptados como propiedad de todos; 2). Un conjunto de líderes políticos en el gobierno; y 3). Uno o más conjuntos de líderes, fuera del gobierno, que actúan como una oposición legítima que intentan ganar el ejercicio del gobierno” (Lipset, 1959: 71). Siguiendo el argumento de Lipset encontramos que en Venezuela se dio en 1958 los tres componentes mínimos que requiere una democracia: 1).una fórmula política, 2).líderes políticos en el ejercicio del gobierno, y  3).una oposición.


1). Una fórmula política. El pacto de Punto Fijo sentó las bases institucionales para el ejercicio de la democracia en Venezuela. El pacto fue posible debido al reconocimiento del juego democrático a través de elecciones entre los partidos de Acción Democrática (AD), el partido social cristiano (COPEI, Comité de Organización Política Electoral Independiente) y la Unión Republicana Democrática (URD) (Ollier, 2011:15). Son estos tres partidos con los que nace el moderno sistema de partidos de masas en Venezuela.


2). Líderes políticos y partidos políticos. El marco institucional democrático fue legitimado por estos tres partidos, sentando el inicio del respeto por la celebración de elecciones para el cambio legítimo en el ejercicio de gobierno. En la evolución del sistema de partidos en Venezuela encontramos dos rasgos distintivos. El primero consiste en que las élites políticas lograron traducir las demandas sociopolíticas de las masas de trabajadores y campesinos de Venezuela (Rey, 1991; Kornblith, 1994). El segundo rasgo distintivo es que el sistema de partidos en Venezuela evolucionó hacia un bipartidismo fuertemente institucionalizado, en donde las luchas por el poder por la vía electoral estaban configuradas por los partidos de Acción Democrática (AC), cuyo ideólogo y líder político fue Rómulo Betancourt; y el partido demócrata cristiana COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente), cuyo ideólogo y líder político fue Rafael Caldera (Molina y Pérez, 1998). Así los discursos de los líderes políticos eran identificados dentro de las ideologías bien definidas por las plataformas político-electorales de cada partido político, en otros términos la estabilidad institucional con la que nace el bipartidismo en Venezuela garantizaba la identificación plena de las propuestas políticas de cada partido político fortaleciendo sus alianzas con los sindicatos, la clase media y el medio empresarial.


3). La oposición. Un antagonista históricamente presente en el sistema de partidos de Venezuela son las corrientes marxistas y comunistas. Los partidos de izquierda en Venezuela jugaron un papel importante como campos discursivos contra la élite política y las tendencias ideológicas liberales. Antes del pacto de Punto Fijo el histórico Partido Comunista de Venezuela (PCV) fue reconocido legalmente en 1945. “Existían, además, desde la época de Gómez, diversas organizaciones marxistas, que ya bajo la presidencia de Medina Angarita, fueron autorizados para actuar abiertamente, y que en 1945 se unen para formar el nuevo Partido Comunista de Venezuela  (PVC) ahora por primera vez legalizado” (Rey, 1991: 537). En el pacto político de 1958 las tendencias ideológicas de la izquierda fueron excluidas de dicho acuerdo nacional, no obstante desde la exclusión fue construyendo un discurso antagónico al gobierno y jugó el rol de oposición, más o menos respetada en su libertad para expresar sus desacuerdos políticos.


Así, el bipartidismo que nace del Pacto de Punto Fijo empezará a canalizar las demandas sociales, elaborando plataformas políticas en donde se empiezan a reivindicar los derechos sociales de los ciudadanos venezolanos.[3] La reivindicación de los derechos sociales como la educación gratuita impartida por el Estado, el acceso a los servicios de salud, el derecho a la protección social del trabajo y los servicios públicos básicos fue constituyendo un discurso de política social que los partidos políticos hacían parte de sus plataformas políticas y prácticas de políticas públicas una vez ya en el ejercicio de sus gestiones gubernamentales. A diferencia de la construcción histórica del estado de bienestar en los estados capitalistas industrializados (Esping-Andersen, 1993), el estado de bienestar en América Latina aparece después de la Segunda Guerra Mundial en entornos complejos de desigualdad social, crisis políticas y económicas que han erosionado la capacidad institucional del Estado en las prestaciones y obligaciones de garantizar los derechos sociales mínimos. En ese sentido, podemos hablar de un estado de bienestar en países de ingreso medio[4] como son los países de América Latina, el Este Asiático y los países de Europa del Este (Haggard y Kaufman, 2008).[5]


Ciudad de México, 24 de agosto de 2011




[1] El registro histórico de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se establece el 23 de enero de 1958. Con negociaciones políticas previas el Pacto de Punto Fijo se firmó el 31 de octubre de 1958.

[2] En la presente investigación doctoral nos inspiramos en la rica tradición que representa el pensamiento de Seymour Martin Lipset en estudios sobre la democracia. Véase: Seymour Martin Lipset (1959), “Some Social Requisites of Democracy: Economic Development and Political Legitimacy”, en The American Political Science Review, Vol. 53, No. 1, pp. 69-105;Guillermo O’Donnell y Philippe Schmitter (1986), Transitions from Authoritarian Rule: Tentative Conclusions about Uncertain Democracies. Baltimore: Johns Hopkins University Press; Seymour Martin Lipset (1994), “The Social Requisites of Democracy Revisited: Presidential Address”, en American Sociological Review, No. 59, Febrero, pp. 1-22; Larry Diamond (1997), “Consolidating Democracy in the Americas”, en Annals of the American Academy of Political and Social Science, Vol.550, Marzo, pp.12-41; Adam Przeworski, Michael E. Alvarez. José Antonio Cheibub y Fernando Limongi (2000), Democracy and Development: Political Institutions and Well-Being in the World, 1950-1990. Cambridge: Cambridge University Press; Ronald Inglehart y Christian Welzel (2005), Modernization, Cultural Change, and Democracy: The Human Development Sequence, Cambridge: Cambridge University Press. Es importante señalar que el trabajo de Lipset está inspirado a la vez en Aristóteles, Schumpeter y Alexis de Tocqueville, este último es importante por su análisis sobre las condiciones en que se dio la igualdad política y social en la democracia norteamericana.
[3] Para algunos autores como Michael Coppedge después del Pacto de Punto Fijo en Venezuela surge una partidocracia con dos partidos fuertes como lo fueron Acción Democrática y el Partido Demócrata Cristiano COPEI. Véase: Michael Coppedge (1994), Strong Parties and Lame Ducks: Presidential Partyarchy and Factionalism in Venezuela, Stanford California: Stanford University Press.  

[4]  De acuerdo con William R. Harlan, Lynne C. Harlan y Wee Ling Oii los países con status de “menos desarrollo” tienen un ingreso promedio de PIB per cápita de $270 dls, en cambio los países con un status de “ingreso medio” tienen un promedio de PIB per cápita de $2490 dls. Esta estimación fue realizada a precios constantes de 1984. Véase: William R. Harlan, Lynne C. Harlan y Wee (1984), “Policy Implications of Health Changes in Rapidly Developing Countries: The case of Malasya”, en Journal of Public  Health Policy, Vol.5, No.4, Diciembre, pp. 563-572.

[5] Un proyecto de investigación impulsado por Stephan Haggard y Robert R. Kaufman es el de una economía política de la política social que analice el estado de bienestar de ingreso medio en los países de América Latina, el Este Asiático y los países de Europa del Este. Como todo proyecto de investigación, el de Haggard y Kaufman parte de una tradición intelectual entre la economía política, la ciencia política y la economía delbienestar (Amartya Sen, 1982, 1999; Anand, Hunter y Smith, 2005; Nussbaum, 1992, 1993). Véase: Baum, Matthew A. y David A. Like (2003), “The Political Economy of Growth: Democracy and Human Capital”, en American Journal of Political Science, Vol.47, No.2, Abril, pp. 333-347; Dornbush, Rudiger y Sebastian Edwards, editores, (1991), The Macroeconomics of Populism in Latin America, The National Bureau of Economic Research (en línea); Haggard, Stephan y Robert R. Kaufman (2008), Development, democracy, and welfare states: Latin America, East Asia, and Eastern Europe, Princeton, N.J.: Princeton University Press; Hirschman, Albert O. (1987a) “The Political Economy of Latin America Development: Seven Exercises in Retrospection”, en Latin American Research Review, Vol. 22, No.3, pp. 7-36; Hirschman, Albert O (1987b) “The Political Economy of Import-Substituting Industrialization in Latin America”, en The Quarterly Journals of Economics, Vol. 82, No.1.


martes, 19 de julio de 2011

Venepolicy Abril-Junio 2011

La revista venezolana de análisis político y política pública Venepolicy ha editado su segundo número de Abril-Junio 2011. Se puede leer en este número la interesante entrevista que realiza David Smolanky al politólogo y escritor Sadio Garavini di Turno.

martes, 5 de julio de 2011

Ideología política y Bancos Centrales: un estudio comparativo entre Chile y Venezuela, 1999-2009

Noé Hernández Cortez*

Tengo que tener responsabilidad fiscal, credibilidad monetaria.
Eso no es de izquierda ni de derecha, mi amigo
Ricardo Lagos, ex presidente de Chile.

Resumen
En el presente ensayo argumentamos que las políticas monetarias implementadas por los bancos centrales no son neutrales ideológicamente, como pretende establecer el discurso político proveniente del vocabulario tecnocrático. Las políticas monetarias de los bancos centrales son articuladas por las ideologías políticas de los gobiernos en turno. Para demostrar lo anterior realizamos un estudio comparativo entre los bancos centrales de Chile y Venezuela (1999-2009), para mostrar que las ideologías políticas de izquierda construyen un discurso propio para la legitimación de sus políticas monetarias. Cerramos con unas consideraciones finales que sostienen que las políticas monetarias de los bancos centrales responden más que a la eficiencia económica, a ideologías políticas gubernamentales.

1.      Introducción
En el 2004 el aún presidente de Chile Ricardo Lagos declaraba en el diario argentino La Nación: “Tengo que tener responsabilidad fiscal, credibilidad monetaria. Eso no es de izquierda ni de derecha, mi amigo”. Esta declaración de Lagos se convirtió en un lugar común en todas sus entrevistas que daba tanto a nivel nacional como internacional. Así, Lagos pretendía borrar la geometría política izquierda-derecha desde un discurso político proveniente de la tecnocracia. A contracorriente de esta concepción tecnocrática de la política, que tomó carta de naturalización en el discurso político latinoamericano, en el presente ensayo argumentamos que la geometría política izquierda-derecha es de gran explicación para dar cuenta sobre la forma en que se lleva a cabo el manejo de la política monetaria. Nuestro supuesto es que el diseño de la política monetaria por parte de los bancos centrales no es una función neutral en términos ideológicos como suponen los técnicos de la economía y legitimados por el discurso de los políticos, sino más bien responde a proyectos de ideologías políticas[1] del gobierno en turno.

Para sustentar que las políticas monetarias son la expresión práctica de proyectos ideológicos gubernamentales, delinearemos primero las recomendaciones que en políticas públicas diseñó el Consenso de Washington para América Latina, y en un segundo momento argumentaremos la configuración política del giro a la izquierda como una respuesta negativa o positiva al Consenso de Washington. Como señala Arditi (2009), el impulso hacia la izquierda que vive América Latina hoy es producto para algunos países del “descontento” sufrido frente a las políticas neoliberales recomendadas por el Consenso de Washington. Posteriormente, para fines analíticos señalaremos dos modelos de ideologías políticas de izquierda en América Latina: un modelo socialdemócrata representado por Chile (Navia, 2007) y un modelo de izquierda-populista representado por Venezuela (Laclau, 2006). Nuestro argumento central es que ambos modelos han configurado dos estrategias distintas en el manejo de las políticas monetarias por parte de los Bancos Centrales tanto en Chile como en Venezuela, para ello exploraremos la dimensión de autonomía de los bancos centrales de acuerdo con el proyecto político y económico en cuestión. Cerramos nuestro ensayo con unas consideraciones  finales en donde asumimos que las políticas monetarias se pueden estudiar desde las posiciones ideológicas de los proyectos políticos gubernamentales.

2.      El Consenso de Washington
La década de los ochenta en América Latina se caracteriza en el plano económico por la intervención desmedida del aparato estatal en el sector productivo. Desde una lectura política esta absorbente intervención del Estado en la economía fue posible por la naturaleza de sus regímenes autoritarios (Collier, 1985; Levitsky y Way, 2004) las políticas económicas eran dictadas desde los grupos políticos que aliados con el empresariado nacional, marcaban el rumbo de la economía del país. Así, las políticas económicas estaban diseñadas de arriba hacia abajo, sin participación de otros actores políticos que no fuera la élite política y económica de cada país. Frente a esta situación la presión externa hacia los países de América Latina se estructuró desde el Consenso de Washington. El programa general del Consenso de Washington consistió en diseñar recomendaciones severas y restrictivas en materia de política económica, caracterizada principalmente por el ajuste en política fiscal y el gasto público eficiente por parte del gobierno (Williamson, 2003).

El paquete de políticas públicas recomendadas por el Consenso de Washington tenía como propósito fundamental modernizar al Estado. Una parte importante de los argumentos en torno al Estado en la década de 1990 sostenían la necesidad de recortar o disminuir su exagerado papel. Estado burocrático que generó un gran déficit fiscal, una actividad económica opresiva y una gran centralización del gobierno. Lo que se necesitaba era un Estado fuerte y capaz para apoyar a los mercados, por lo que un Estado arbitrario y corrupto impedía su desarrollo. Lo importante era retirar al Estado de las áreas en que no es eficiente, para que se concentrara únicamente en las áreas que incentivaran la eficiencia de los mercados: la provisión de infraestructura institucional de una economía de mercado, de seguridad y bienes públicos, y el cuidado de los miembros de la sociedad en situación de exclusión social. En síntesis, los diseñadores y promotores del Consenso de Washington resumían en recetas mínimas el desmantelamiento del Estado y el impulso de una economía de mercado.[2]Como señaló con argumentos críticos contra el Consenso de Washington, Joseph E. Stiglitz en 1998, “…demasiado a menudo el dogma de la liberalización devino un fin en sí mismo, no un medio para alcanzar mejores sistemas financieros.” (Stiglitz, 1998).

De esta manera, en Venezuela las políticas neoliberales impulsadas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez fueron profundas y demolieron las funciones sociales que venía desempeñando el Estado. En el caso chileno las políticas neoliberales fueron impulsadas durante el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet, y legitimadas posteriormente por el Consenso de Washington (Navia, 2007). En este primer proceso de liberalización económica tanto Venezuela como Chile emprendieron reformas en el sentido de darle autonomía e independencia a sus bancos centrales con el propósito de alejarlos del juego político, pues la política monetaria se convirtió así en prioridad para la correcta implementación de políticas neoliberales ahora preocupadas por controlar la inflación y la estabilidad macroeconómica.

3.      Dos modelos de ideologías políticas de izquierda: el socialdemócrata y la izquierda-populista
El tema del giro a la izquierda en América Latina representa un fuerte debate en el mundo académico y político. En primer término el concepto “izquierda” en el vocabulario político es un término polisémico. Hay definiciones simplistas como las que presentan Jorge Castañeda (2006) y Jesús Tovar Mendoza (2008), las cuáles destacan por presentar a la izquierda en América Latina fuera de los contextos políticos complejos de cada país y por fijar fuertes posturas normativas clasificando a los gobiernos de izquierda como “buenos” o “malos”. Para fines de nuestro trabajo señalaremos dos modelos de ideologías políticas para la izquierda en el actual contexto político latinoamericano, con la finalidad de poder explicar las características de los Bancos Centrales de Chile y Venezuela dentro de cada modelo. Asimismo, realizaremos una comparación entre la dinámica del Banco Central de Chile y Venezuela con el objetivo de trazar semejanzas y diferencias que nos proporcionen elementos que argumenten que de acuerdo con cada modelo de izquierda existe una forma especifica de funcionamiento de las políticas monetarias en cada Banco Central.

Nuestra propuesta sobre la clasificación de los dos modelos de las ideologías políticas de izquierda aquí presentados tienen dos dimensiones teóricas: una dimensión propiamente política y una dimensión económica.[3] Para la dimensión política nos apoyamos en Ernesto Laclau (2006) quien clasifica a la izquierda latinoamericana en el espectro ideológico de izquierda-centro. De acuerdo con Laclau la dimensión política de la centroizquierda latinoamericana se distingue por la forma de traducir las demandas sociales de la sociedad civil por parte del Estado. En ese sentido, el caso chileno se caracteriza por traducir sus demandas sociales dentro de marcos institucionales gubernamentales, a lo que Laclau llama la ley de la diferencia. Así, el actual orden institucional en Chile es producto de la dictadura de Augusto Pinochet. Con la llegada de la coalición partidaria de la Concertación se impulsaron políticas socialdemócratas dentro del modelo neoliberal heredado por la dictadura, transformando de esta manera el sistema económico con políticas públicas con “rostro humano”, es decir, existieron canales institucionales para satisfacer las demandas sociales. Por otra parte, en países en donde existió una ruptura populista como es el caso de Venezuela a partir del ascenso al poder de Hugo Chávez en 1999, predominaron según Laclau demandas sociales insatisfechas que al no encontrar canales institucionales gubernamentales para ser atendidas, se transformaron este conjunto de demandas sociales aparentemente dispersas en un centro ideológico hegemónico que llamamos populismo, es decir, prevaleció lo que Laclau llama la lógica de la equivalencia.

Para la dimensión económica nos apoyamos en el trabajo de John Sheahan titulado Modelos Alternativos de Capitalismo en América Latina (2002). Nuestro interés es entender las políticas monetarias de los bancos centrales en Chile y Venezuela, no como instituciones aisladas de los proyectos políticos y económicos del gobierno, sino precisamente como producto de ideologías políticas que sustentan las políticas monetarias  implementadas por el gobierno. De acuerdo con John Sheahan en el modelo de capitalismo en Chile –que en realidad son expresiones de las pautas históricas que ha seguido la política económica del Estado en dicho país- se pueden identificar los siguientes períodos: a). 1965-1970, un modelo de capitalismo en donde el Estado formula políticas públicas inclusivas; b). 1970-1973, un modelo de corte marxista; c). 1973-1990, un modelo neoliberal con mercado autoritario, al cual podemos denominarlo como un modelo neoliberal “sin rostro humano”; d). 1990-2009, un modelo liberal mixto con fuerte impulso de la economía de mercado, pero a la par un estado activo en políticas sociales focalizadas. De acuerdo con nuestro criterio  y siguiendo la tipología que presenta Sheahan, en el caso de Venezuela podemos identificar dos períodos: a). 1988-1999, se caracteriza por ser un modelo neoliberal, caracterizada por una profunda liberalización en donde se aboga por una mínima intervención por parte del Estado en los mercados; b). 1999-2009, implementación de un modelo populista caracterizado por una fuerte intervención en políticas públicas inclusivas.

Las dimensiones política y económica nos permiten tener una mayor amplitud para caracterizar el modelo socialdemócrata en Chile y el modelo de izquierda-populista en Venezuela. Cabe advertir que en el presente ensayo la palabra populismo no tiene una carga peyorativa, sino más bien representa una categoría que permite comprender una realidad política.[4] La visión de conjunto de las dimensiones política y económica de los modelos socialdemócrata chileno y el modelo de izquierda populista en Venezuela, se representan en la Tabla 1.


Tabla 1. Dimensiones política y económica de los modelos de las ideologías políticas de izquierda en Chile y Venezuela
Modelo
Dimensión política
Dimensión económica
Socialdemócrata en Chile, 1999-2009
Origen: demandas sociales canalizadas por medios institucionales

Modelo liberal mixto con fuerte impulso para establecer la economía de mercado y un fuerte activismo estatal en políticas públicas.


Izquierda-populista en Venezuela, 1999-2009


Origen: demandas sociales insatisfechas, no atendidas por las instituciones gubernamentales


Modelo populista caracterizado por el impulso de políticas sociales inclusivas.

Fuente: Elaboración propia a partir de las perspectivas teóricas de John Sheahan (2002) y Ernesto Laclau (2005).
Consideramos que los modelos que representamos para el caso chileno y venezolano recogen bien las dimensiones políticas y económicas del contexto de cada país. Desde el punto de vista analítico tanto el modelo socialdemócrata y el modelo de izquierda-populista, presentan coordenadas de análisis que permiten estudiar las ideologías políticas concretas, las cuáles a la vez se conciben como diseños institucionales que responden a proyectos políticos gubernamentales.

4.      La autonomía de los Bancos Centrales: Chile y Venezuela
El supuesto normativo fundamental sobre la autonomía de los Bancos Centrales radica en que es “bueno” para la democracia que el manejo de las políticas monetarias este alejada del juego político. Este criterio de autonomía implica que los bancos centrales deben sólo desempeñar las funciones del diseño de las políticas monetarias, cuya tarea central es el manejo de las variables macroeconómicas como son el control de la inflación y la estabilidad económica. En ese sentido Arend Lijphart (2000) considera la autonomía de los Bancos Centrales como una variable institucional fundamental para evaluar a la democracia. De acuerdo con Lijphart una democracia robusta cuenta con bancos centrales autónomos e independientes de la esfera política. No obstante, autores como Delia M. Boylan (1998) y Frédéric Lebaron (2000) han mostrado que la supuesta “independencia y autonomía” de los bancos centrales es sólo un criterio normativo, pues en los hechos los bancos centrales responden a los intereses de la élite política y económica. De acuerdo con Delia M. Boylan la hipótesis sobre la autonomía e independencia de los bancos centrales con respecto a la arena política se recoge en  lo que ella llama la “literatura de la credibilidad”,[5] sobre este punto Boylan argumenta:

En años recientes, las investigaciones sobre la autonomía de la banca central en los países industrializados avanzados han proliferado bajo el término general de la “literatura de la credibilidad”. En pocas palabras, esa literatura afirma que los gobiernos crean bancos centrales autónomos para “atarse las manos”; y construye modelos a partir de la premisa de que todos los políticos cuentan con la habilidad para utilizar la inflación con el propósito de generar resultados favorables a corto plazo (Kydland y Prescott, 1977; Barro y Gordon, 1983a y 1983b). Consecuentemente, aun cuando un gobierno pueda comprometerse a mantener la estabilidad macroeconómica, los actores económicos nacionales saben que los políticos siempre estarán tentados a provocar inflación para ganar votos. Sin embargo, puesto que los actores del sector privado incorporan en sus contratos laborales esas expectativas, el resultado neto es una espiral inflacionaria sin incrementos correspondientes en el empleo (Boylan, 1998: 50)

La llamada “literatura de la credibilidad” tiene sus defensores en ciertos círculos de economistas y politólogos. Para estos círculos académicos la autonomía e independencia de los bancos centrales operan bajo criterios tecno-económicos, asépticos a toda influencia de las ideologías políticas. No obstante, se ha mostrado que las ideologías políticas en los países en desarrollo juegan un papel fundamental para determinar las políticas monetarias de los bancos centrales. Lo que nos indica que la política fiscal y la regulación de la estabilidad macroeconómica responden a proyectos políticos y económicos del gobierno que pueden ser de derecha o izquierda, o como argumentamos en nuestro presente trabajo responden a distintos modelos de izquierda. Sobre este punto escribe Delia M. Boylan:

Las teorías de partidos aplicadas a la economía política […] sugieren que los partidos de izquierda y derecha, por ejemplo, difieren sistemáticamente en lo referente a la combinación de inflación y desempleo que prefieren (Hibbs, 1977). Las primeras variantes de esas teorías quedaron en descrédito porque suponían la existencia de una curva de Phillips (equilibrio entre poca inflación y poco desempleo) permanentemente explotable. No obstante, los trabajos teóricos recientes han demostrado que, a raíz de la incertidumbre que rodea a las elecciones, los políticos pueden aprovechar una curva de Phillips de corto plazo para manipular temporalmente la economía en provecho propio, ya sea hacia una inflación reducida, en el caso de la derecha, o bien hacia una tasa de desempleo baja, cuando se trata de la izquierda (Alesina, 1988; Alesina y Sachs, 1988). Puesto que la autonomía del banco central aumenta los costos de generación de ciclos expansionistas a corto plazo, es probable que los partidos de izquierda consideren una desventaja dicha autonomía (Boylan, 1998: 53).

Para argumentar sobre el grado de autonomía que tienen los bancos centrales en Chile y Venezuela, consideramos la influencia política e ideológica que tiene el Ejecutivo sobre la política monetaria en los bancos centrales. Por otra parte, asumimos que los bancos centrales responden a los proyectos políticos del gobierno y una forma de detectar esta forma de operar es través de los modelos de izquierda clasificados como modelo de izquierda socialdemócrata y el modelo de izquierda-populista.

Como señalamos líneas arriba el modelo neoliberal en Chile fue herencia de la dictadura de Augusto Pinochet. Con la llegada de la Concertación en 1990 “una coalición formada por partidos de centro y de izquierda, ha ganado todas las elecciones gracias a que supo mantener las políticas económicas neoliberales adoptadas por Augusto Pinochet. Y a la vez logró introducir políticas públicas diseñadas para reducir la pobreza y reformas institucionales que permitieron la consolidación democrática.” (Navia, 2007: 26). En este contexto, los chicago boys de la dictadura pinochetista diseñaron un Banco Central que tomaba decisiones de manera vertical, en esta forma de operar estaba ausente lo que Guillermo O’Donnell (1998) llamaría el accountability horizontal, es decir, la ausencia total de contrapesos al dictador y una retirada total de vínculos de la sociedad civil de resistencia. No obstante, con la llegada de la Concertación el Banco Central de Chile cobró autonomía e independencia con respecto a la esfera política. En ese sentido se concibió al Banco Central de Chile como una institución autónoma cuya tarea principal fuera el manejo de las variables macroeconómicas. En ese sentido, el mandato constitucional en su artículo 98 le asigna al Banco Central de Chile las siguientes atribuciones:

El Banco Central sólo podrá efectuar operaciones con instituciones financieras, sean públicas o privadas. De manera alguna podrá otorgar a ellas su garantía, ni adquirir documentos emitidos por el Estado, sus organismos o empresas.
Ningún gasto público o préstamo podrá financiarse con créditos directos o indirectos del Banco Central.


La política monetaria concebida en un modelo social demócrata en donde no existió en términos políticos una ruptura populista, le permitió gozar de una estabilidad política dentro de un marco institucional democrático. Además esta estabilidad política fue propiciada por la coalición de la Concertación, cuyo proyecto político y económico ha consistido en el manejo de políticas monetarias que salvaguardan la economía de mercado, como es la disciplina fiscal y el manejo restrictivo de las variables macroeconómicas. La dictadura de Augusto Pinochet se opuso férreamente a la reforma constitucional para otorgarle autonomía al Banco Central de Chile, reforma que se afianzó durante el mandato del gobierno de la Concertación. Es claro que un perfil ideológico de modelo socialdemócrata conciba un tipo de capitalismo de modelo liberal mixto, en donde se impulsa la economía de mercado y a la vez el Estado juega un papel activo en políticas públicas que buscan brindar los servicios e infraestructura a la ciudadanía, es decir, en clave de Laclau se busca una lógica de la diferencia. En ese sentido, el Ejecutivo en turno en Chile ha guardado una afinidad ideológica con las políticas monetarias diseñadas por el Banco Central de Chile (Boylan, 1998), y esta afirmación sigue siendo vigente para el gobierno socialdemócrata de Michelle Bachelet.

Con la llegada al poder en Venezuela de Hugo Chávez Frías en 1999 ha cambiado el perfil ideológico del proyecto político y económico del gobierno venezolano. Las políticas neoliberales impulsadas a finales de la década de los ochenta por Carlos Andrés Pérez, poco a poco se fueron erosionando de la agenda de la política pública del gobierno de Venezuela. En el caso de Venezuela si hubo una ruptura populista en el sentido de que la insatisfacción de las demandas sociales no fueron cumplidas por parte del modelo neoliberal. En ese sentido, el modelo de capitalismo que observamos en Venezuela es un populismo con políticas públicas incluyentes.

La existencia de una lógica de equivalencia como afirma Laclau, hizo posible que las demandas sociales insatisfechas constituyeran el movimiento hegemónico de la Revolución Bolivariana impulsado y liderado por Hugo Chávez. De ahí que el proyecto político y económico de gobierno impulsado por el Ejecutivo venezolano responda a las demandas del “pueblo”. Esta lectura política nos permite indicar que las políticas monetarias responden al perfil ideológico de la actual administración de gobierno presidida por Hugo Chávez. Así, la política monetaria responde a lo que hemos definido aquí como un modelo de izquierda-populista, en donde se observa en primera instancia la intervención fuerte del Ejecutivo en las últimas reformas al Banco Central de Venezuela, principalmente a través del Ministerio de Finanzas, pues aunque la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (2009) señale la autonomía al Banco Central de Venezuela, este se somete a la vigilancia y diseño conjunto de las políticas monetarias al Ministerio de Finanzas, éste último órgano gubernamental tiene la influencia directa del Ejecutivo. En el Título VI Del Sistema Socioeconómico, Capitulo II, Sección IV de la Constitución de Venezuela se lee lo siguiente:

Dada la relevancia que tienen en Venezuela los efectos monetarios de la gestión fiscal, se plantea la necesidad de establecer adecuadas reglas que garanticen la coordinación de política macroeconómica, que fijen el marco institucional en que se deben desarrollar políticas específicas.
El principio de coordinación requiere que el Banco Central de Venezuela y el Ministerio encargado de las Finanzas coordinen sus políticas y a través de un programa o acuerdo que defina un curso anunciado con anticipación, consistente con el logro de determinados objetivos. Se establece un mecanismo para la resolución de conflictos entre el Banco Central de Venezuela autónomo y el Fisco, en función de evitar las tradicionales contradicciones entre la política monetaria y la política fiscal. (Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, 2009: 12-13)


El anterior mandato constitucional indica que la política monetaria va de la mano con la política fiscal. De ahí que el Ejecutivo tenga injerencia directa en las políticas monetarias como sucedió en el decreto Nº 2.302 en donde la intervención del Ejecutivo en el mercado cambiario es evidente, y ello responde a su proyecto político y económico de gobierno propio de su modelo de izquierda-populista:


Artículo 1º. El presidente de la República, en Consejo de Ministros, aprobará los lineamientos generales para la distribución del monto de divisas a ser destinado al mercado cambiario, oída la opinión de la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), de acuerdo al presupuesto de divisas se establecerá en aplicación del Convenio Cambiario (Decreto Nº 2.302; 5 de febrero de 2003).

Lo que se observa en estas estrategias de política monetaria del presidente Hugo Chávez es presentar un modelo económico alternativo al modelo neoliberal del Consenso de Washington, lo que nos indica que su modelo de política y economía se ubica en lo que hemos denominado modelo de izquierda-populista.

Como hemos argumentado, las políticas monetarias de los bancos centrales de chile y Venezuela responden claramente a ideologías políticas de izquierda. La literatura de la credibilidad presenta al modelo socialdemócrata chileno como ejemplo para la región (Williamson, 2003; Castañeda, 2006; Tovar, 2008;); por el contrario los críticos al modelo izquierda-populista consideran de irresponsable las políticas monetarias establecidas por Hugo Chávez (Castañeda, 2006; Tovar, 2008); No obstante, lo que nos interesa presentar en nuestra investigación son coordenadas de investigación que analicen los entornos sociopolíticos de los Bancos Centrales, pues siguiendo a Boylan (1998) y Lebaron (2000) los Bancos Centrales no son neutrales a las condiciones sociopolíticas de cada país. Una vez expuesta la lógica de las ideologías políticas de izquierda en cuanto al manejo de la política monetaria en Chile y Venezuela, podemos realizar un análisis comparativo entre ambos países en cuanto al manejo de los Bancos Centrales como respuesta a modelos distintos de izquierda.

El modelo socialdemócrata chileno -como hemos señalado líneas arriba- es una herencia de la dictadura de Pinochet y responde a las políticas neoliberales. Los gobiernos de Ricardo Lagos y de Michelle Bachelet responden a esta lógica neoliberal con rostro humano, de ahí que no sea casual que las políticas monetarias se ocupen de las variables macroeconómicas que protegen el libre mercado. Desde la coalición de la Concertación existe una afinidad ideológica entre los ejecutivos y el Banco Central, la autonomía del Banco Central en Chile responde a la política neoliberal fijada por el Consenso de Washington, puesto que en este punto el dictador Augusto Pinochet fue renuente en su momento a otorgarle la independencia al Banco Central.

En cambio, con la llegada al gobierno de Hugo Chávez en 1999 en Venezuela, de inmediato concertó un programa político y económico que marcara diferencia a lo recomendado por el Consenso de Washington en cuanto a políticas monetarias. La autonomía del Banco Central de Venezuela es relativo pues existe injerencia de la Legislatura y del Ejecutivo a través del Ministerio de Finanzas, gracias a estos canales de intervención el Ejecutivo venezolano puede establecer políticas monetarias de corte izquierda-populista, pues sin olvidar el contexto de ruptura populista con que llegó al poder Hugo Chávez, implementa políticas de corte populista, como hemos mostrado el Ejecutivo venezolano interviene en el mercado cambiario, algo impensable en el modelo chileno y de las políticas neoliberales que predominan en América Latina. Para un análisis conceptual sobre las políticas monetarias de los Bancos Centrales bajo modelos distintos de izquierda en Chile y Venezuela presentamos el siguiente cuadro comparativo en la Tabla 2.


Tabla 2. Análisis comparativo entre los Bancos Centrales de Chile y Venezuela
País
Modelo de izquierda
Dimensión política
Dimensión económica
Autonomía de los Bancos Centrales

Chile

Modelo socialdemócrata


Sin ruptura populista


Continuidad en Políticas económicas de corte neoliberal, presentando un modelo de capitalismo mixto.
Afinidad ideológica entre la coalición de la Concertación, el Ejecutivo y las políticas monetarias neoliberales del Banco Central. La autonomía del Banco Central en Chile tiene la función de controlar las variables macroeconómicas para otorgarle estabilidad al mercado.

Venezuela

Modelo de izquierda-populista
Con ruptura populista
Ruptura con las políticas de corte neoliberal, presentando un modelo de capitalismo populista
Autonomía relativa. Fuerte intervención del Ejecutivo en las políticas monetarias del Banco Central de Venezuela. Las políticas monetarias responden al proyecto político de izquierda-populista.

Fuente: Elaboración propia.


5.      Consideraciones finales
En un artículo del 2007 publicado por Ricardo Lagos en la revista Letras Libres titulado “Chile: creatividad para el desarrollo”, escribía lo siguiente: “Para enfrentar ese problema [la pobreza] iniciamos el programa Chile Solidario. Algo que no encontramos recetado en ningún libro. Llegamos a golpear la puerta de cada indigente y le dijimos: ‘Señor, éstos son los derechos que el Estado le reconoce y que usted desconoce” (2007: 22). En ese tono “optimista”, el ex presidente Ricardo Lagos destaca que Chile fue “un alumno aventajado del Consenso de Washington” (2007: 22). Así, la continuidad de la Concertación con el gobierno de Michelle Bachelet y con ello la prolongación de la política monetaria del Banco Central que se encarga según los dictados de la política neoliberal de cuidar la inflación y la estabilidad de las variables macroeconómicas, como diría Paul Krugman son vigilantes del dogma del control de la inflación (Krugman, 2009). La política macroeconómica del gobierno de Ricardo Lagos es producto de la continuidad de la política neoliberal en el modelo socialdemócrata en Chile debido a la coalición política de la Concertación, una coalición que para los más optimistas es frágil y uno se preguntaría ¿qué sucedería si termina dicha coalición partidaria?

Por otro lado, el presidente Hugo Chávez ha expandido políticas sociales inclusivas, y ha reformado el Banco Central de Venezuela, en donde el Ejecutivo tiene una influencia directa en las políticas monetarias y que obedecen a su proyecto político de izquierda-populista. Algunos analistas políticos tienen temor y repulsión al término populista, perdiéndose así el objetivo de estudiar una realidad política compleja como lo es el caso de Venezuela. Frente a los escépticos del modelo de izquierda-populista, Chávez ha propuesto políticas monetarias focalizadas a la intervención del gobierno en el manejo de la economía, todo esto frente al asombro de los liberales en política monetaria.

De esta manera nuestro ensayo en realidad son ejes posibles de investigación cuyas coordenadas consisten en realizar un análisis morfológico de los supuestos ideológicos-políticos de las políticas monetarias de los bancos centrales y criticar el dogma de que los bancos centrales son neutrales y asépticos a toda ideología política. Consideramos que las políticas monetarias se articulan en ideologías políticas que sirven como marco de referencia para legitimar las políticas públicas de los bancos centrales.

Referencias bibliográficas
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Documentos                                                       
Constitución Política de la República de Chile (Octubre, 2009)
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (2009) publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela.
Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, 2009: 12-13
Poder Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, Decreto Nº 2.302; 5 de febrero de 2003

Fuentes electrónicas
Base de Datos Políticos de la Américas (2009). Consultado el 20 de septiembre, Atribuciones del Banco Central de Chile y Venezuela dirección electrónica: http://pdba.georgetown.edu/Comp/Economico/Monetaria/atribuciones.html

Diarios
La Nación de Argentina



* Noé Hernández Cortez es Candidato a Doctor en Investigación en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso, sede México). Líneas de investigación: Economía Política Internacional, Instituciones Monetarias, Global Social Policy, Política Social en Venezuela y Empresas Socialmente Responsables (Corporate Social Responsibility). * noe.hernandez@flacso.edu.mx; noe.hernandezcortez@gmail.com
[1]Tomamos de Michael Freeden la metodología morfológica para estudiar las ideologías políticas concretas. Para ello establecemos una morfología de dos modelos  de ideologías políticas de izquierda: un modelo de izquierda socialdemócrata y un modelo de izquierda-populista. Ver: Freeden, Michael (1996) Ideologies and Political Theory. A conceptual Approach, Oxford University Press, Oxford
  
[2] Posteriormente John Williamson con sentido autocrítico evaluaría los errores de estas reformas económicas de primera generación para América Latina en su libro colectivo After the Washington Consensus: Restarting Growth and Reform in Latin America (2003), Institute For International Economics, Washington.
[3] La dimensión económica en cada modelo se considera como una construcción discursiva de los intereses políticos de la élite gobernante para justificar “técnicamente” sus políticas monetarias. Consideramos que el discurso económico no es neutral, sino ideológico en el sentido de Joseph A. Schumpeter.  Ver: Schumpeter, Joseph A. (1949) “Science and Ideology” en The American Economic Review, Vol. 39, No. 2, (Marzo), pp. 346-359.

[4] Ver: Laclau, Ernesto (2005)  La razón populista, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

[5] No es casual que el ex presidente Ricardo Lagos utilizara constantemente el término “credibilidad”, en alusión a la llamada “literatura de la credibilidad”.

EN DOCUMENTO: Ideología política y Bancos Centrales. Un estudio comparativo entre Chile y Venezuela, 1999-2009, Una primera versión del presente ensayo se publicó en la Revista Análisis Social del Departameto de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Iberoamericana, Campus Puebla, México.